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TARRAGONA: 11 razones por las que tienes que venir ya

No sólo nos dejaron unos cuantos acueductos y libros de Derecho. Los romanos nos enseñaron además a encontrar el lugar idóneo para vivir: solo hay que ver la ciudad que eligieron como capital de la Hispania Citerior Tarraconensis, es decir, la actual Tarragona. El conjunto arqueológico de Tarraco, Patrimonio de la Humanidad, es el plato fuerte de este menú de verano que hay que saborear sin prisas: 10 platos contundentes acompañados de un más que sabroso postre.

1. Admirar la (demasiado) inmensa Catedral

Catedral de Tarragona | EVG

No cabe en la foto. Te pongas como te pongas, meter en un smartphone 2.000 años de historia, un rosetón gótico gigante, un órgano renacentista y una impresionante planta románica, es casi imposible. Para verla desde fuera, sortear las calles estrechas y el excesivo número de turistas, una opción es bajar algunos peldaños de la escalinata que desemboca en su puerta. Otra, ver la Catedral desde dentro y, de paso, recorrer El Camino de la Luz, una experiencia inmersiva nocturna que termina el 7 de septiembre.

2. Rendir homenaje a la grandiosidad romana en la plaça del Fòrum

Plaça del Fòrum | EVG

El foro, el centro de la vida ciudadana en la antigua Roma, es también uno de los núcleos neurálgicos de la Tarragona actual. Aquí, entre terracitas, vermús artesanos y sardinas, te toparás de frente con los restos del Foro Provincial de Tarraco, un conjunto de 18 hectáreas con una gran plaza porticada que albergaba los edificios políticos y administrativos de la ciudad. El espacio se construyó en el siglo I y, en la actualidad, conserva restos en la Antigua Audiencia, la plaza del Pallol, la del Fòrum y el Pretorio.

3. Sentir el pasado judío de Ca la Garsa

Ca la Garsa | EVG

No solo de romanos vive Tarragona. La comunidad judía llegó a tener una importancia tal en este enclave que lo convirtió en uno de los centros hebreos del país. La antigua judería era independiente del resto y se situaba en el entorno de la plaça dels Àngels. Uno de los edificios más icónicos, Ca la Garsa –el que se cree albergaba la antigua sinagoga–, está decidido a convertirse en la memoria viva hebrea, con una serie de reformas que incluirán un museo y que se prevé terminen a finales de año.

4. Fotografiar la renovada Torre del Pretori (o Castell del Rei)

Torre del Pretori | EVG

Fue la Torre del Pretori (del Pretorio romano) y, más tarde, residencia de la familia normanda hasta que cambió de dueño –perteneció al rey de la corona de Aragón– y de nombre, pasando a llamarse Castillo del Rey y hasta Castillo de Pilat. En la actualidad, esta torre construida a mediados del año 73 d.C. –que también fue cuartel militar y prisión–, alberga la sede del Museo de Historia de Tarragona y luce una orgullosa fachada que, este mismo año, ha ganado un premio por su excelente restauración.

5. Descubrir la tranquilidad de la iglesia de Nazaret

Iglesia de Nazaret | EVG

En este entramado de estrechos callejones que dibuja el casco antiguo de Tarragona, las placitas que lo salpican de tramo en tramo forman un delicado remanso de paz. Una de las más auténticas es la plaça del Rei, tanto por sus terracitas y su ambiente relajado como por el alto contenido en historia que emerge de cada rincón. En uno de ellos te sorprenderá la iglesia de Nazaret, una construcción barroca del siglo XVI, edificada sobre otra románica del siglo XIII y con una curiosa fachada con esgrafiados.

6. Imaginar la grandiosidad del Anfiteatro

Anfiteatro romano | EVG

Si hay cola para entrar –y suele haberla– sube las escalinatas del Anfiteatro y contempla la playa urbana. Así, podrás imaginar cómo, desde esta costa, desembarcaban a las bestias para utilizarlas en los espectáculos y las guardaban en los sótanos del recinto usando un montacargas con un sistema de poleas. Este magnífico espacio, construido a principios del siglo II d.C. fue uno de los grandes núcleos del Imperio, un receptáculo que reunía luchas de gladiadores, cacerías de fieras y ejecuciones públicas.

7. Recorrer la Torre de les Monges y el resto de la muralla

Torre de les Monges | EVG

La Tarragona medieval ya contaba con las murallas que habían levantado los romanos, así que solo tuvo que repararlas y construir algunos tramos nuevos. Uno de ellos es el Muro Viejo –con las torres de Morenes y de Arandes– y, más adelante, en el siglo XIV, la Muralleta, reforzada con la torre de Tintoré y la de las Monjas –o de Miramar–. Esta última, declarada Bien Protegido, es la única que se conserva en pie de todo el conjunto, vigilando, desde su altura, la entrada al mar desde el inicio de la Rambla Vella.

8. Visitar el Circo Romano, el mejor conservado de Occidente

Circo romano | EVG

Si el Anfiteatro era el espacio de las contiendas exóticas y las peleas frikis, el Circo romano era el edificio destinado a la velocidad, en especial, a las carreras de carros y caballos. El de Tarragona es, además, uno de los más grandes –de 325 metros de largo por 115 de ancho y con capacidad para 30.000 espectadores– y de los mejor conservados, ya que se edificó dentro del área urbana. Construido en el siglo I, lo encontrarás pegado a la Torre del Pretori y pertenece también al Museo de Historia.

9. Reconocer la importancia de la Iglesia de San Agustín

Iglesia de San Agustín | EVG

¿Te parece que solo es una iglesia como tantas otras? Quédate con el escudo que cuelga de su fachada y examínalo con calma, porque está declarado Bien Cultural de Interés Nacional. Por lo demás, la iglesia de San Agustín como tal es Bien Cultural de Interés Local, una distinción que reconoce tanto su valor histórico –el convento perteneció a los jesuitas de Tarragona, una orden de la que solo queda esta iglesia– como el artístico, por incluir rasgos característicos de la llamada Escuela del Campo.

10. Comprobar que nada es lo que parece en la Plaça dels Sedassos

Plaça dels Sedassos | EVG

Balcones con flores, un pintor en plena inspiración, personajes de la época y hasta un caballo blanco que curiosea desde el portón. Estos son los personajes que se asoman a la fachada de este edificio de la plaça dels Sedassos –de los Sederos–. O no porque, en realidad, toda la pared es un trampantojo gigante creado por el artista Carles Arola Vera, que firma en el establecimiento de la izquierda. Es la foto obligada para todo viajero, un instante que captura la esencia tarraconense en pleno casco antiguo.

11. Darlo todo en las Fiestas de Santa Tecla

Fiestas de Santa Tecla | EVG

Cada mes de septiembre, las fiestas de Santa Tecla revolucionan Tarragona y se convierten en un destilado de la esencia más festiva y genuina de la localidad. Son las celebraciones en honor a esta santa –patrona de la ciudad desde 1117–, unos días donde los espectáculos de castellers escalan altura con los correfocs como telón de fondo y en los que el séquito de cabezudos baila con un extenso programa musical –este año, el plato fuerte es Amaral– y numerosas propuestas callejeras.

  • Santa Tecla Tarragona 20225
  • 12SEP25 – 24SEP25
  • diferentes escenarios

Cartel 2025 de Anduluplandu

La imagen que abre el texto es Catedral de Tarragona | EVG

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