La ciudad de los templos y la tradición, la que conserva la magia de geikos y maikos (término tradicional para las geishas) y el romanticismo de los salones de té, es también una de las urbes japonesas que más sufre la presión del turismo de masas. Hablamos de Kioto, un enclave que, el pasado año, recibió 50 millones de visitantes en una población que no alcanza el millón y medio de personas. Si a esto le unimos las diferentes sensibilidades –y el desconocimiento– entre la cultura occidental y la nipona, llegamos a un colapso turístico que ha llevado a la ciudad a recordar que sus calles no son un parque temático sino un espacio con residentes, y a promover una serie de normas que fomentan el turismo responsable e invitan a moverse como un local.
1. Ojo con el transporte de equipaje y los taxis ilegales

Tokio no quiere que sus calles suenen a ruedas de trolleys ni que sus autobuses se colapsen con enormes maletas. Para evitarlo, recomienda firmemente los servicios de equipaje manos libres, como los que utilizan las empresas de mensajería, que lo depositan directamente en el hotel. Además, las autoridades recuerdan que los taxis sin licencia están prohibidos y que, si los usas, puedes ser interrogado por la policía y no estar cubierto por el seguro. Para evitarlo, contrátalo desde webs fiables o la recepción del hotel y revisa la matrícula: la verde es legal; la blanca, no.
2. No fumes, comas ni tires la basura en la calle

Comer y beber en un lugar sagrado está prohibido, pero hacerlo por la calle tampoco está bien visto, sobre todo, en zonas turísticas. Si estás en un mercadillo y has comprado algo para comer, lo que se espera de ti es que lo ingieras pegado a la pared y no a la vista de todos, y que guardes los restos en una bolsa de basura que llevarás contigo. Por si no lo habías notado, en Tokio no hay apenas papeleras, pero tirar colillas o basura te costará 163 €, una multa parecida a la que te pondrán si te pillan fumando en la calle fuera de los espacios habilitados para fumadores.
3. No bloquees calles ni carreteras

A pesar de las restricciones, los residentes en zonas tensionadas se quejan de no poder moverse, con oleadas de turistas que colapsan las aceras y sus puertas de acceso, y hasta se cuelan en sus jardines y curiosean por las ventanas. Las autoridades recomiendan limitar el ruido y no bloquear el paso quedándose en la acera –ni siquiera para tomar la foto de tu vida–, y recuerdan que los actos que obstruyen el tráfico se sancionan con 270 €. También se exige a los guías turísticos que eviten concentrar a sus grupos en la calle durante mucho tiempo.
4. No vandalices los bosques de bambú y respeta los sitios sagrados

Quizá en una mentalidad occidental no sea así pero, en una japonesa, el patrimonio y la naturaleza están a caballo entre el lugar sagrado y la propiedad cultural y se protegen con normas muy estrictas. Por ejemplo, cometer actos vandálicos –incluido pintar un grafiti– contra alguno de ellos se castiga con hasta tres años de prisión o una multa de 1.625 €; la misma penalización se aplica si dañas la naturaleza y te empeñas en grabar el típico mensaje de Fulanito estuvo aquí, fecha incluida, a punta de navaja en el tronco de un bambú.
5. No molestes a las ‘geikos’ y ‘maikos’

El barrio de Gionmachi, donde residen las geiko y maiko, es especialmente sensible al acoso del turismo masivo. La autoridad recuerda que no son personajes mascota y advierte que está prohibido seguirlas, pararlas o tomarles fotos sin su consentimiento. Además, la ley castiga la obstrucción del paso y el acoso a geikos y maikos con 30 días de arresto o una multa de 55 €. Si sigues empeñado en llamar su atención y le tiras de la mano o de la ropa, ¡ojo!, porque estás expuesto a una pena de 6 meses de prisión o una multa de 2.700 €.
6. Cumple las normas respecto a la comida

Ya hemos dicho que comer mientras caminas no está bien visto pero ¿y en un restaurante? Primero, es posible que te tengas que descalzar; ten en cuenta también que usar perfume fuerte es desagradable y que sonarte la nariz es de tan mala educación como lo es de buena sorber la sopa. Una vez sentado a la mesa, ojo con los palillos: no juegues con ellos ni los uses para señalar ni los claves en el bol de arroz, ya que se asocia a rituales funerarios. El sushi puedes comerlo con las manos y, en cuanto a la bebida, si no quieres que te sirvan más, deja un poco en el vaso.
7. No tomes fotos si está prohibido y respeta la propiedad privada

Los templos y santuarios son espacios sagrados para los japoneses –así como las propiedades privadas– y el no cumplimiento de estas normas se entiende como un allanamiento de morada y se castiga con tres años de prisión o multa de 542 €. Para preservar la intimidad, las autoridades instan a ser considerado y hablar en voz baja y no apoyarse en las vallas rojas de los santuarios ni sobre la barandilla de los puentes. Respecto a las fotos, se prohíbe tomar fotos con trípode así como en la entrada de casas y tiendas; mejor, hazlas delante, pero evita la puerta.
8. Apoya la cultura local y la artesanía

Kioto remarca que tanto su patrimonio cultural como el histórico puede deteriorarse fácilmente y aboga por mantener la autenticidad de la ciudad –esa por la que se supone que los turistas la visitan–, explorar tu lado ecológico –lleva contigo tu bolsa de compras plegable y una botella reutilizable de agua– y apoyar el comercio de barrio comprando en locales artesanales. Si quieres empaparte de la cultura local, la ciudad pone a tu servicio espectáculos como el de danza tradicional de Kioto (kyomai), que realiza actuaciones diarias en Gion Corner.
La imagen que abre el texto es Kioto | Victoriano Izquierdo. Unsplash

