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10 motivos para amar Ferrol en el siglo XXI

Delicado y monumental, este es un destino sobre todo sorprendente. Y controvertido. Es Ferrol, a secas, –sin apellido, por favor, nos recuerdan– el enclave en el que nacieron personajes tan dispares como Franco y Pablo Iglesias, el fundador del PSOE.

Felipe II convirtió esta ría en base de la Armada Real –su forma, con 2 km de ancho que se estrecha hasta apenas 200 m en su desembocadura, lo convierten en un puerto seguro–, pero fue Felipe VI quién estableció su extraordinario desarrollo naval, cuando, tras la división de la península en tres zonas militares realizada por Felipe V, nombró a Ferrol Capital del Norte.

Tras la reconversión industrial, Ferrol perdió el esplendor naval de épocas pasadas, pero se adapta a los tiempos. La construcción y exportación de fragatas continúa mientras el puerto recibe cruceros turísticos y la oferta industrial vive días de euforia con la Ruta de la Construcción Naval.

1. Recorrer el Camino Inglés de Santiago

Oficina de Turismo e de Atención ao Peregrino | EVG
Iglesia de San Francisco | EVG

Comenzamos en Ferrol Vello, la parte más antigua de la ciudad, donde se impone un selfie junto al inicio del Camino Inglés, uno de los tramos peregrinos a Santiago. Si quieres emprenderlo, la Oficina de Turismo e de Atención ao Peregrino es un espacio imprescindible donde obtendrás todo tipo de información y, además, te sellarán la Compostelana. Siguiendo la calle Real, visita la iglesia de San Francisco, junto al Parador. Aquí, en los Jardines de Herrera, junto a una peculiar estatua del Marqués de la Ensenada, tienes unas vistas privilegiadas de toda la zona portuaria.

2. Conocer el lugar donde nacieron las ‘casas acristaladas’ gallegas

Plaza de España | EVG
Casas acristaladas | EVG

En la Plaza de España verás alguna muestra de la arquitectura racionalista de la época coronada por el Ayuntamiento, un anticipo del extenso catálogo del barrio de La Magdalena, una intervención urbanística completa que respeta el trazado original, aprobado por Carlos III en 1761. Es la tableta de chocolate, una cuadrícula de calles que se cierra con otra plaza –la de Amboage– y cuya armonía e importancia histórica –aquí nacieron las casas acristaladas gallegas– le valieron el título de conjunto histórico artístico.

3. Descubrir sus joyas de diseño modernista

Pescadería | EVG
Casa Pereira | EVG


Tras la llegada de los astilleros, la mano de obra y el comercio, la burguesía vino en tropel, impulsando un desarrollo económico y cultural sin precedentes y convirtiendo a Ferrol en capital de la Ilustración. La Magdalena es un catálogo de edificios modernistas, la mayoría concentrados en las calles Dolores y Real. De estos edificios, 28 están firmados por Rodolfo Ucha Piñeiro, el arquitecto estrella de la época, desde Casa Pereira hasta la Fonda Suiza o Casa Antón. Si sigues por la calle de la Iglesia, paralelo al mar, después de la Concatedral de San Julián –neoclásica y robusta–, te toparás con otras dos joyas firmadas por Ucha: la antigua Pescadería y la plaza de Galicia, con el Teatro Jofre, un emblema modernista del siglo XIX.

4. Sumergirte en la importancia de su industria naval

Arsenal | EVG
La Campana | EVG

Entramos en el siglo XVIII, franqueando la puerta del Arsenal que, años más tarde, en 1858, cruzaría la mismísima Isabel II. El edificio –Bien de Interés Cultural– se construyó para impresionar a los visitantes y se usó para almacenar cañones y las pertenencias de los barcos durante su atraque. Aquí residen los prácticos –guían a los buques para que entren en puerto– pero, sobre todo, es el lugar que alberga La Campana, un descomunal dique seco –fue el mayor de España– para construir barcos en grada, realizado como una cúpula al revés, ya que no había cemento. En las antiguas herrerías no te pierdas Exponav, el único museo de la construcción naval de toda Europa. Aquí verás la diferencia entre buques ingleses, franceses y españoles –al ser más grande la bodega de éstos últimos, era la favorita de los piratas–, el paso de los remaches a la soldadura –más ligera– y un montón de datos para entender el mundo naval en Ferrol.

5. Caminar entre 500 versiones de ‘Meninas’

Meninas en Canido | EVG
Meninas en Canido | EVG

Dejamos la zona portuaria y saltamos a Canido, un barrio en peligro de extinción que, desde 2008, aparece en la wishlist ferrolana gracias a la pasión de Eduardo Hermida y sus meninas. El pintor, enamorado de este cuadro de Velázquez, lo versionó en las fachadas y medianeras del barrio. La cosa prosperó y se repite cada año el primer fin de semana de septiembre, con una fiesta que convoca a artistas invitados pero, a diario, encontrarás un espacio revitalizado y alternativo, con una ruta de hasta 500 meninas que puedes encontrar en papeleras, tejados, balcones… Algunas son de gran formato e incluso hay una, que se cree pertenece a Banksy. Además, la nueva sede a la que se ha trasladado Hermida en febrero de este año, promete ser un escaparate estable del panorama artístico de Canido.

6. Explorar un pasado de cachalotes y calamares XXL

Museo da Sociedade Galega de Historia Natural | EVG
Museo da Sociedade Galega de Historia Natural | EVG

Antes de abandonar Canido acércate a otro sorprendente espacio de este barrio. Es el Museo da Sociedade Galega de Historia Natural, un lugar donde descubrir el entorno que se enclava en un antiguo cuartel restaurado. Además de sus secciones dedicadas a la geología, los árboles o los insectos, te apasionará la que analiza el mundo marino. Entre esqueletos de ballena y especímenes de calamares gigantes, te explicarán que la piel de marrajo se usaba como lija, las barbas de las ballenas, para consolidar los corsés de las mujeres y, el esperma de cachalote, para cremas cosméticas.

7. Navegar en las aguas de la inmensa ría

Ría de Ferrol | EVG
Castillo de San Felipe | EVG

Volvemos a la ría, entrada natural de la ciudad y lugar donde los regentes concentraron no solo la ostentación, sino la defensa. Se construyeron tres castillos –San Martín, La Palma y San Felipe, de los que solo quedan los dos últimos– y se instalaron gruesas cadenas de lado a lado de la ría que hacían su entrada infranqueable. Era el siglo XVI y la lucha contra Francia e Inglaterra por la hegemonía marítima hizo que Felipe II diera prioridad a este punto con una fortaleza que, rehabilitada posteriormente, reprimía incluso ataques por tierra, como el de la Batalla de Briones. La visita al castillo de San Felipe es básica no solo para entender la importancia militar de la zona sino para disfrutar los paisajes, que alternan acantilados atlánticos con las aguas tranquilas de la ría y la masa forestal de las Fragas do Eume, frente a Ferrol, el mayor parque atlántico de Europa.

8. Relajarte en las playas de la Costa Ártabra

Playa de Santa Comba | EVG
Mirador del Cabo Prior | EVG

Estamos en plena Costa Ártabra, un espacio protegido como Lugar de Importancia Comunitaria lleno de miradores, lagunas y playas de magia vertiginosa. Tras la de San Felipe, pegada al Castillo, llegarás a la batería de Cariño, con su mirador y una cala de agua esmeralda junto al puerto nuevo, que da entrada a la ría. Pasado el Cabo Prioriño, hacia el norte, tienes un escenario de cuento: la laguna de Doniños y la playa del mismo nombre. A este arenal, bandera azul y frecuentado por surfistas, se le conoce como la playa del sol, ya que aquí puedes ver el ocaso todos los días del año. Las playas de San Xurxo, Esmelle y A Fragata también son únicas para deportes acuáticos, una oferta paralela a la de las rutas ornitológicas. Pasado el Cabo Prior, la playa de Santa Comba y su ermita ponen el punto final a nuestra visita. Además de las playas, completa tu visita con el antiguo búnker que Franco –obsesionado con un posible ataque– ordenó colocar, el hábitat de la pillara de las dunas, los minerales imantados, las familias de delfines

La imagen que abre el texto es Laguna y playa de Doniños | EVG

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