Cada vez hay más destinos turísticos que explotan sus historias malditas y oscuras leyendas. Y cada vez hay más viajeros interesados en dar una vuelta de tuerca a los viajes y recorrer su parte más irreal y fantástica. Además de las rutas por cementerios, de los hoteles instalados en antiguas cárceles y del dark tourism, nos gusta el morbo y los espacios con un extra siniestro e inexplicable se convierten en altamente adictivos. Para celebrar el primer martes 13 del año –el otro será en agosto–, recorremos nuestro territorio en busca de 13 propuestas repletas de mitos, leyendas y supersticiones.
1. Belchite, en Zaragoza, y el dolor de la memoria

Este cementerio arquitectónico de muros agujereados vivió uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil, con más de 6.000 muertos. De noche, la historia de Belchite, –el pueblo que Franco se negó a reconstruir para que sirviera de ejemplo– se llena de apariciones y fenómenos paranormales e inspira a cineastas: se han rodado Las Aventuras del Barón de Munchausen y El Laberinto del Fauno.
2. La Laguna Negra de Urbión, el agua sin fondo

La profundidad máxima no supera los 10 metros pero la leyenda de la Laguna Negra, en Soria, es más potente que la ciencia y asegura que no hay fondo y que las cuevas subterráneas comunican con el mar. O que en esas cuevas habita algo que devora todo lo que cae. Aunque la historia que se lleva la palma la escribió el mismísimo Antonio Machado, narrando el parricidio de Los hijos de Alvargonzález.
3. Abades, en Tenerife, el valle de los leprosos

En 1943, en plena postguerra española, Tenerife acumuló el mayor número de casos de lepra del país. Las autoridades construyeron el Sanatorio de Abades para tratar estos casos, pero el complejo –crematorio, hospital, iglesia…– nunca llegó a acoger enfermos. Tras ser campo de tiro de la Falange y propiedad de un grupo inversor italiano, hoy sigue abandonado y parece que alberga ritos satánicos.
4. El pueblo maldito de Ochate, en Burgos

La voz de una niña que grita kanpora –fuera, en euskera–, la de una mujer que se pregunta ¿qué hace aún la puerta cerrada? y alguna que otra foto de ovnis han convertido este pueblo de Burgos en lugar maldito y de culto para los amantes de fenómenos paranormales; un enclave abandonado tras sufrir tres epidemias de viruela, tifus y cólera que, inexplicablemente, no afectaron a las poblaciones vecinas.
5. El siniestro Sanatorio de La Barranca de Madrid empieza a ser historia

Ubicado en Navacerrada, en la Sierra de Guadarrama de Madrid, el Hospital del Santo Ángel nació en 1941 para tratar a enfermos de tuberculosis y lepra, y terminó convertido en hospital psiquiátrico. Tras su cierre, en 1995, los gritos nocturnos del Sanatorio de La Barranca –como se le conoce– lo han llenado de cazadores de psicofonías y ritos satánicos, hasta la demolición que se efectúa en estos días.
6. La Mussara, en Tarragona, el pueblo de los desaparecidos

Según la leyenda, el que saltara una piedra en la entrada del camino que conducía a La Mussara, desaparecería para siempre. Parece que la espesísima niebla que soporta este pueblo abandonado de Tarragona –y no una puerta a otra dimensión– explicaría el extraño fenómeno, una historia que, junto a las pinturas satánicas y cruces invertidas de su iglesia, lo han convertido en fenómeno paranormal.
7. El congreso de las brujas de Zugarramurdi

En Navarra, junto a Francia, Zugarramurdi es conocido por sus idílicos paisajes pero, sobre todo, por ser el pueblo de las brujas. En 1610 se instaló el Tribunal de la Inquisición que, tras denuncias de sus vecinos, condenó a muchas mujeres a morir en la hoguera. Aquí también nacieron historias de conjuros y akelarres –y Las Brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia–, y está el Museo de las Brujas.
8. La leyenda del Cortijo Jurado, en Málaga

En el siglo XIX, la familia Heredia mandó construir esta mansión en Málaga, que fue pasando de mano en mano hasta los años 70 del pasado siglo, cuando lo compró la familia Vega Jurado. Aquí, empezó a llamarse Cortijo Jurado y a alimentar su leyenda de fenómenos paranormales, desde los cuerpos de 5 chicas que aparecieron torturados en sus inmediaciones, hasta los fusilamientos en la Guerra Civil.
9. El Castillo del Infierno está en Barcelona

Uno de los edificios más inquietantes de la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló (Barcelona), es la Torre Salvana –Castillo del Diablo para los amigos de lo oculto–. Los que se han atrevido a entrar en este edificio abandonado aseguran haber sentido que alguien les agarraba mientras veían un denso humo negro sobre sus cabezas y a una niña, en camisón, bajar las escaleras con un balazo en la frente.
10. La truculenta historia de la Casa de las Siete Chimeneas, en Madrid

En el barrio de Chueca (Madrid), la Casa de las Siete Chimeneas es el edificio residencial más antiguo del siglo XVI, pero lo que le ha hecho famosa es su pasado. Aquí vivió Elena, una joven casada con un militar, muerto en la batalla de San Quintín. La historia (y el fantasma) de Elena, amante de Felipe II, está repleta de cadáveres desaparecidos y niños ilegítimos que se pasean entre las siete chimeneas.
11. La maldición del tesoro de Abuín, en A Coruña

Cuenta la leyenda que, en el siglo XVI, algunos habitantes de Abuín, en el municipio coruñés de Rianxo, robaron la iglesia de un pueblo vecino. Como no sabían dónde guardar el botín le pidieron al párroco de Abuín que lo escondiera, pero el cura apareció muerto días después. Los vecinos fueron muriendo poco a poco y el resto huyó, dejando tras de sí un tesoro escondido en alguna parte y una tierra maldita.
12. Los fantasmas del Sanatorio de Tuberculosos de Murcia

En el suroeste de Murcia, en plena Sierra Espuña, el Antiguo Sanatorio de Tuberculosos es una gran construcción –la mayor de su época en esta zona– que emerge entre la maleza. Se levantó en 1935 para tratar casos terminales y llegó a triplicar el número de camas y enfermos. Desde 1962, año de su cierre, solo lo habitan bandadas de murciélagos… y alguna que otra sombra reflejada en sus ventanas.
13. Pedrosa, en Cantabria, la isla de las ‘niñas pájaro’

La ubicación de la isla Pedrosa, frente a Pontejos (Cantabria), la convirtió en un lugar perfecto para albergar un lazareto, donde dejar en cuarentena a los marineros con enfermedades tropicales. En 1834 el espacio –con hospital, iglesia, balneario, teatro…– llegó a acoger 600 enfermos de tuberculosis, pero también dos niñas con progeria, una enfermedad que provoca envejecimiento y malformaciones óseas.
La imagen que abre el texto es Belchite | Carmen R. Pinos

