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Granada ‘La Gran Sultana’, el refugio de los piratas

Entre la condición de sitio de paso de Managua, la capital –con un centro histórico abandonado e inexistente–, y la sobrevalorada León –su eterna rival, con la que mantuvo una guerra civil en 1854 para dirimir la capitalidad del país–, Granada es una colorida sorpresa en la que uno se zambulle con entusiasmo. Fundada en 1524 por Francisco Hernández de Córdoba, es la ciudad más antigua de América, una joya cuidada y encajonada entre dos volcanes que cuenta con un lago, 365 islotes –uno para cada día del año– y un coqueto centro colonial, cuidado con mimo y con wifi gratuito.

A punto de celebrar su 500 cumpleaños, recorremos lo más tuani –muy bueno, viene de too nice– y a cachimba –excelente– de la ciudad con una ruta por 10 puntos básicos para descubrir Granada, La Gran Sultana, el refugio de los piratas.

1. Xalteva, la única iglesia con nombre indígena

Calle Real Xalteva | EVG
Iglesia Xalteva | EVG

Nuestra ruta comienza en una insólita joya del país, la iglesia de Xalteva, el único templo de toda América latina que conserva su nombre indígena. Descendientes de los aztecas, los xaltevas eran la etnia que poblaba esta parte de la ciudad cuando llegaron los españoles. En el parque Xalteva, que hoy rodea la iglesia, los aniquilaron y establecieron un tianguis, un mercadillo de trueque, en el que vendían animales, esclavos y valiosas esclavas vírgenes a cambio de la moneda de la época, los codiciados granos de cacao. Además, el frontal de la iglesia, que recibía los rayos del sol al atardecer, hacía creer a los indígenas que ahí estaba su dios, lo que facilitaba el trabajo de evangelización.

2. Las vistas desde la torre de la Merced

Iglesia de la Merced | EVG
Vistas desde la iglesia de la Merced | EVG

Siguiendo la calle Real Xalteva, el siguiente edificio que encontrarás es la iglesia de la Merced. Como tantas construcciones en todo Nicaragua, sus muros conservan las huellas del fuego, aunque aquí sí se conoce al autor del incendio: William Walker, que quemó la ciudad despechado cuando Granada y León se aliaron para expulsarle del país. Además del interior de esta iglesia barroca, lo mejor es su torre: un mirador de lujo desde el que contemplar el skyline de la ciudad, con patios interiores, tejados de teja –no de cinc– y un piso de altura máxima, siguiendo la normativa que obliga a mantener la estética colonial.

3. Parque Central, el corazón vivo de la ciudad

Parque Central | EVG
Coches de caballos en Parque Central | EVG

El corazón de Granada late en el Parque Central –o parque Colón–, su centro neurálgico y social. Aquí, junto al templete, los granadinos se sientan a la sombra de los árboles y se mezclan con los coches de caballos –decorados con penachos de plumas y guirnaldas, entre barrocos y kitsch–, los músicos callejeros y los puestos de comida típica, con vigorón –yuca cocida, ensalada de repollo y chicharrón– y raspado nicaragüense, una bomba calórica –y riquísima– a base de piña, tamarindo y leche condensada sobre hielo raspado. Sentarte junto a la fuente, hacerte una foto ante el obelisco de Rubén Darío –el omnipresente poeta nicaragüense– o simplemente dejar pasar el tiempo, es una forma tranquila de sentir el ADN de la ciudad.

4. La historia que fluye en la plaza de la Independencia

Plaza de la Independencia | EVG
Plaza de la Independencia | EVG

Al norte del parque Central, la plaza de la Independencia –o plaza de los Leones–, es un espacio amplio y peatonal. Aquí se concentran algunos de los símbolos patrios, como el obelisco dedicado a los héroes de la lucha de 1821 por la independencia de Nicaragua. Encontrarás también dos joyas muy bien conservadas de la época colonial: el Palacio Municipal –que alberga el Ayuntamiento y otros edificios administrativos– y la Casa de los Leones, una casona señorial del siglo XVI que se integra en el espléndido corredor porticado del exterior.

5. La Catedral, una embajadora a todo color

Catedral de la Inmaculada Concepción | EVG
Catedral de la Inmaculada Concepción | EVG

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción –o de la Inmaculada Concepción de María, se llama también así porque es el altar mayor, aunque cuenta con otros cuatro– es la joya de la corona granadina. Construida en el siglo XVI, te llamará la atención su fachada neoclásica y su estilo ecléctico –ha soportado incendios, terremotos y reconstrucciones de ondas italianas y afrancesadas– pero, sobre todo, su intenso color albero y sus líneas coloniales, que protagonizan todo tipo de posavasos, imanes y postales de la ciudad.

6. Todo pasa en la Calzada, la gran vía de los turistas

Calle de la Calzada | EVG
Hotel Darío, en la calle de la Calzada | EVG

En la plaza de la Independencia nace la calle de la Calzada, la única vía que mantiene el empedrado de la ciudad y por la que circuló un tranvía hasta 1930. Es también la más comercial y turística, un lugar cargado de alojamientos, restaurantes, tiendas de regalos, artesanía… en el que el sonido de los cascos de los caballos se mezcla con el de las ruedas de las maletas trolley y donde se empieza a notar el peso de los apartamentos de alquiler. Al caer la tarde, la calle se ilumina con entusiasmo y se vuelve peatonal para facilitar una juerga nocturna que el turismo masivo demanda y que poco tiene que ver con el talante granadino. La onda colonial se mantiene en joyas como el Hotel Darío, con un café forrado de madera y un precioso patio central.

7. Guadalupe, el gran botín de los corsarios

Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe | EVG
Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe | EVG

Antes de unirse con el paseo de los Mangos, la calle de la Calzada termina en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. No es especialmente lujosa, pero el gusto católico de llenar sus templos de oro y su cercanía con el lago –es la primera que te encuentras si vienes en barco– la convirtieron en una presa codiciada y fácil para las incursiones de los piratas, que solían comenzar sus ataques con un incendio para provocar confusión.

8. Un puerto de armas tomar

Puerto del lago Cocibolca | EVG
Cañones en el puerto del lago Cocibolca | EVG

Además del control de los barcos, el puerto de Granada era, necesariamente, una fortaleza repleta de cañones, que disparaban sin descanso cada vez que se avistaba un barco pirata. El lago Cocibolca –o Gran Lago de Nicaragua– no solo era uno de los puntos neurálgicos de la época, sino que se convirtió en una de las conquistas más codiciadas, sobre todo cuando se comprobó que sus aguas conectaban con las del río San Juan que, a su vez, sale al mar Caribe. Es decir: quien consiguiera el control del lago tendría un acceso directo y rápido y controlaría también todo el comercio de la época, desde las especias, hasta el oro y los esclavos.

9. Un buen paseo (y un baño) en el malecón

Malecón del lago Cocibolca | EVG
Malecón del lago Cocibolca | EVG

El lago Cocibolca no está especialmente habilitado para bañarse, pero los niveles de humedad que soporta Granada hace que mucha gente lo haga, a pesar de que en estas aguas nadan tiburones toro, un escualo capaz de adaptarse al agua dulce y que es especie protegida, en peligro de extinción. La zona del malecón es también perfecta para disfrutar de un buen paseo, hacer un alto en cualquiera de sus chiringuitos y puestos callejeros y disfrutar con la panorámica del Cocibolca, el segundo mayor lago de América Central y Latina, por detrás de Titicaca– y de la atenta mirada de sus dos volcanes, el Mombacho –Granada es la Gran Sultana porque está frente al Mombacho, el Gran Sultán– y la Concepción.

10. Un mini archipiélago para disfrutar todos los días del año

Barco en el lago Cocibolca | EVG
Isleta en el lago Cocibolca | EVG

No puedes venir a Granada sin visitar sus isletas: 365 mini islas –una para cada día del año– formadas tras una de las erupciones del volcán Mombacho. Los barcos salen del puerto y el Centro Turístico de Granada –en el malecón– y se ajustan a todo tipo de viajeros, desde lanchas rápidas para visitas puntuales, hasta rutas personalizadas o barcos grandes pensados para familias que cuentan con cafetería y animación infantil. El 80% de las isletas están habitadas; algunas se alquilan –desde 600 $ el fin de semana– o incluso se venden, a partir de 150.000 $. Las hay minúsculas, llenas de animales –como la isla de los Monos, con primates que alguien soltó allí y que sobreviven gracias a la comida que les llegue de los barcos– y de historia, como la del Fuerte San Pablo y su batería de cañones, un último intento de librar a la ciudad de los ataques corsarios.

Fuerte San Pablo, en el lago Cocibolca | EVG
Isleta en el lago Cocibolca | EVG

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2 comentarios

  1. Sí!!! La verdad es que es toda una sorpresa en un país que (todavía) no sufre el turismo masivo

  2. Habrá que ir a conocer la maravilla de Granada !!

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