FOP Oso Cantábrico

Asturias, en casa del oso pardo

Si eres urbanita, aquí va un buen motivo para reordenar tus preferencias viajeras. Y, si la naturaleza te emociona, esta te va a hacer tocar el cielo. Entramos de lleno en Asturias, uno de los destinos más completos y con una oferta más abrumadora de Europa. Asturias es como ese orgulloso dependiente al que es imposible pillar: ¿gastronomía única?, la tenemos; ¿ecoturismo?, también; ¿paisajes secretos?, muchos; ¿avistamiento de animales?, claro; y playas, patrimonio cultural, etnografía, rutas, pueblos con encanto, estrellas Michelin, prehistoria…

Afrontamos este paraíso desde sus valles occidentales y comenzamos de la mano de uno de sus habitantes estrella: el oso pardo cantábrico. Diferentes organizaciones –desde la FOP (Fundación Oso Pardo) hasta TENT (The European Nature Trust)– protegen y abogan por la convivencia con esta especie amenazada que, en Asturias, cuenta con 330 ejemplares que se pueden ver desde diferentes puntos de observación. Recorremos nuestros favoritos.

1. Reserva Natural Integral de Muniellos

Es la joya de la corona del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, 5.488 ha con el mayor robledal de España y 160 especies animales, entre ellas, las tres más amenazadas: el oso pardo, el lobo y el urogallo cantábrico. A pesar de ser una zona de máxima protección –la única en Asturias–, con un máximo de 20 visitantes diarios que deben inscribirse previamente, en Muniellos no hay una población de osos vinculada a su territorio, aunque sí una presencia estable. En cualquier caso, disfruta del palacio de lujo al que estás invitado y, si los anfitriones no quieren salir, respétalo. Como aconseja uno de los paneles de la reserva: «Estás recorriendo un monumento de la naturaleza: cuídalo, disfrútalo, siéntelo…».

2. Posada de Rengos

Aunque pueden verse casi durante todo del año, en mayo, junio y las últimas semanas del verano la población osera se revoluciona y se deja ver más fácilmente. Este mes, el celo de los machos –recorren decenas de kilómetros en busca de hembras– coincide con los primeros meses de vida de las crías. Cuando la población es elevada, se convierte también en el momento de mayor mortalidad, ya que los machos intentan matar a los oseznos para que la hembra vuelva a estar en celo. Para evitarlo, ella copula con el mayor número de machos posible: si él piensa que es el padre de esas crías, no las matará. Es un momento de explosión vital que sucede cada año en parajes como la Posada de Rengos, en pleno Parque Natural de las Fuentes del Narcea, y poder contemplarlo, aunque sea a metros de distancia, es una emoción para guardar en la carpeta de momentos únicos.

3. Valle de Leitariegos

A los osos les gustan los colores vivos. Es decir: no vayas a verles con ropa flúor, a no ser que quieras interesarles demasiado. Es la primera recomendación que te darán los guías especializados en avistamiento de fauna –además de guardar silencio, tener paciencia y acudir a primeras horas de la mañana o últimas de la tarde–, pero el mejor consejo de todos es ir con ellos. Empresas como Wild Spain Travel o Trabau Ecoturismo combinan pasión y profesionalidad a partes iguales y, además de contar con telescopios terrestres y equipos ópticos de precisión, lo saben todo sobre los osos: les ponen nombre, comparten anécdotas, examinan huellas e identifican localizaciones y horarios con alta probabilidad de avistamiento –como zonas concretas del valle de Leitariegos–, aparte de los puntos de observación establecidos.

4. La Peral

No solo es el primer Parque Natural y la primera Reserva de la Biosfera en Asturias. El Parque Natural de Somiedo es el Reino del Oso y, La Peral, uno de los miradores estrella desde el que ver plantígrados campar a sus anchas. Situado a 1.360 m de altura, en el pueblo vaqueiro del mismo nombre, permite observar de ladera a ladera –junto con el mirador del Príncipe– y seguir la ruta de una especie que, aunque se frote contra piedras o matorrales, no es territorial, sino que se mueve en función de las hembras. Recuerda que, para preservar la vida local, el acceso al pueblo se realiza a pie por la carretera –el vehículo a motor está reservado a los vecinos–, las mascotas deben ir sujetas y no se permite volar drones. Así que coge una chaqueta –la temperatura aquí baja bastante– y simplemente disfruta de este balcón de lujo, uno de los más altos de la zona.

5. Braña de Mumián

El inicio de la ruta de la Braña de Mumián, también dentro del Parque Natural de Somiedo, es otro punto desde el que es posible ver osos en libertad. Cubierto ahora por la eclosión de la primavera, el terreno es una gran despensa a la que el oso acude a comer, por lo que conocer su alimento favorito te dará pistas para intentar localizarle. Su dieta es oportunista y puede comer desde carroña, hasta reventar hormigueros o panales –especialmente por las larvas, no solo por la miel–, pero su alimentación estándar se basa en azúcares (arándanos, moras, cerezas…) e hidratos (bellotas, castañas…). Descubre la magia de la flora, respétala, déjate llevar por esta película de lujo y, si el protagonista no aparece, céntrate en la escenografía, que también es de óscar.

6. Proaza

El nombre de esta mancomunidad, los Valles del Oso, ya te da una idea de lo que te vas a encontrar. Proaza es uno de los concellos que la integran, un espacio con muy baja densidad de población y un excelente balcón desde el que observar al mayor mamífero terrestre de nuestra fauna –aunque con sus 200 Kg de peso el oso pardo es menor que otros de su especie, como el de Rumanía, que llega a 300 Kg– y ver su pelaje marrón oscuro, castaño e incluso rubio. Encajonado entre las montañas y el río Trubia, el paisaje tiene un dramatismo espectacular pero, como en los anteriores miradores, recuerda que son espacios protegidos y hay que cuidarlos. Ten en cuenta que Proaza está a menos de 30 km de Oviedo así que, si tienes la suerte de ver un ejemplar de oso pardo, no compartas tu geolocalización por redes sociales y evita el efecto llamada.

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