Al norte de Burgos encontrarás una propuesta viajera tan insólita e interesante como ecológica en la que, en un solo día, puedes saborear una cerveza artesanal de endrinas, ver secuoyas gigantes, atravesar un puente medieval y navegar en un barco electrosolar por los fiordos burgaleses.
Es Territorio Obarenes, un espacio que abarca tierras de Las Merindades y La Bureba burgalesas y que ha transformado la antigua central nuclear de Santa María de Garoña en una firme apuesta por un turismo relajado e inmersivo que convierte el cuidado del patrimonio y el medio ambiente en numerosas iniciativas viajeras. Estas son algunas de las más interesantes.
1. Tomar una ‘cerveza Gadea’ en un bar que fue hospital, en Santa Gadea del Cid


Empezamos nuestra ruta en Santa Gadea del Cid, una localidad tan bella que ha empezado 2026 convertida en uno de los Pueblos más Bonitos de España, el octavo de la provincia con este galardón. Además de su patrimonio y su historia –el apellido, del Cid, ya te da alguna pista–, te gustará su castillo y sus murallas, la plaza de la Iglesia –con su característico entramado de madera–, la iglesia de San Pedro –el casco histórico es Bien de Interés Cultural– y el antiguo Hospital de San Lázaro, un espacio del siglo XV que acogió a enfermos y que hoy es el lugar de moda donde tomar una cerveza Gadea.
2. Admirar el Monasterio del Espino y el aire tex de El Granero de San Francisco


Aún en Santa Gadea del Cid, siguiendo la BU-525 hacia el norte, encontrarás dos paradas muy interesantes que te darán una idea del desarrollo y la sostenibilidad que impera en esta parte de la provincia. Por una parte, el Granero de San Francisco, un proyecto de cultivo y transformación de la lavanda enmarcardo en una típica construcción americana que, además de sus jabones y aceites elaborados con esta planta, organiza rutas en la zona. Por otra, el Monasterio de Nuestra Señora del Espino, una joya medieval del siglo XV con un precioso claustro, que organiza bodas y festejos.
3. Contemplar el ‘Nueva York de los bosques’, en San Zadornil


Tan importante como el patrimonio de esta zona burgalesa es el escenario que la arropa: el Parque Natural de Montes Obarenes-San Zadornil. Este envoltorio 100% verde está formado por una masa forestal de tal magnitud que muchos ya la conocen como el Nueva York de los bosques. La profusión de encinas, hayas, bojs y espectaculares secuoyas puede disfrutarse a pie, pero también a través de un paseo a caballo, en bici o en e-bike, con 51 bicicletas eléctricas de alquiler en seis localidades. Si te quedas con ganas de más, organízate porque hay una Red de Autocaravanas para viajar en camper.
4. Navegar en un barco electrosolar por los fiordos burgaleses


En apenas unos meses de vida –comenzó a funcionar en junio del pasado año– es ya un referente del turismo de la zona. Hablamos del barco electrosolar que navega por el río Ebro a su paso por el Pantano de Sobrón. La travesía por los fiordos burgaleses –se llama así por su espectacular paisaje de desfiladeros y gargantas, parecido al que podría haber en tierras escandinavas– zarpa del embarcadero de San Martín de Don, en el Valle de Tobalina, cuesta 10 € para adultos y 5 € para niños y, durante una hora, nos regala un baño de relajación, sostenibilidad y belleza en estado puro.
5. Caminar por el pasado medieval de Frías, la mini ciudad española


Siguiendo el curso del Ebro hacia el oeste llegarás a una de las ciudades más espectaculares de la zona y la más pequeña de toda España. Se trata de Frías, otro de los 8 integrantes burgaleses de los Pueblos Más Bonitos de España. Encaramada en el cerro de La Muela, Frías se merece una visita más que relajada para acercarte a su Castillo, disfrutar la arquitectura castellana de sus casas colgadas sobre el Ebro, y atravesar su puente medieval, mandado construir por Alfonso VIII y por el que pasaba la antigua calzada romana que conectaba el comercio entre la meseta castellana y la costa cantábrica.
6. Darte un baño de belleza acuática en Tobera y sus cascadas


Dentro del municipio de Frías y pegada a él –de hecho, podrías llegar caminando de uno a otro en un agradable paseo de media hora–, Tobera es nuestra siguiente parada. No tiene mil cascadas –como se le conoce popularmente– sino cinco, pero la corriente que genera el río Molinar buscando paso entre desfiladeros es de tal belleza que merece que le dediques unas cuantas horas para visitarlo a fondo. El recorrido, de poco más de un kilómetro, comienza en el Paseo del Molinar, junto a la ermita de Santa María de la Hoz, y cuenta con pasos señalizados y miradores para verlo en toda su magnitud.
7. Practicar ‘birdwatching’ en el observatorio de aves de Oña


Como ya te habrás imaginado, en este espacio natural no solo destacan los espectaculares paisajes, sino la cantidad de pájaros que los eligen para anidar o como parada en sus rutas migratorias. Si eres aficionado al birdwatching, estás en un auténtico paraíso desde el que observar la caza del halcón peregrino y el águila real o los impresionantes desfiladeros en los que anida el buitre leonado, la rapaz más grande de Europa. Oña acoge uno de los 6 nuevos puntos de observación, un enclave donde, además, puedes disfrutar de un patrimonio de lujo capitaneado por el monasterio de San Salvador.
8. Alimentar tu adrenalina en la vía ferrata Miraveche-Silanes


Si te ha encantado explorar este territorio en una travesía en barco ecológico o a través de una caminata por sus bosques, ¿qué te parece echarle un poco de sal y pimienta a tu experiencia y descubrirlo con una vía ferrata? Los amantes de las sensaciones extremas tienen en la de Miraveche-Silanes un reto del turismo activo, con su péndulo, tirolina y puentes colgantes recién estrenados. Situada en pleno desfiladero de la Canaleja, con el río Silanes rompiendo a sus pies, su nivel K3+ –dificultad media alta– la convierte en una codiciada opción para los viajeros amantes de poner a tope su adrenalina.
9. Afrontar el desfiladero de Pancorbo desde otras perspectivas


La ubicación de Pancorbo –puerta natural entre la meseta castellana y el norte peninsular– le ha legado construcciones como el castillo de Santa María y la fortaleza de Santa Engracia, y joyas como la ermita de la Virgen del Camino. Pero lo que forma parte del ADN de este enclave burgalés es su desfiladero, una garganta atravesada por el río Oroncillo y la Vía de Bayona, antigua ruta de peregrinos. Aquí tienes una vía ferrata con la que descubrir el desfiladero desde dentro e iniciarse en esta oferta de turismo activo, una de las cinco nuevas –junto a la de Oña, Bozoó…– que se habilitarán en verano.
La imagen que abre el texto es Embalse de Sobrón | Turismo de Burgos

