France_01_ETY_2026_credit_Emmanuel_Boitier/ Terre Sauvage

Este es el Árbol Europeo de 2026

Ya está aquí Tree of the Year, la pasarela verde más famosa de Europa, el concurso que premia la belleza interior y las historias de los árboles más icónicos del viejo continente, algunos, con hasta 4 y 5 siglos de historias a sus espaldas. Es un canto a la vida secreta de las especies arbóreas, esas que nos ayudan a respirar, estabilizan el clima y nos conectan con la parte más genuina del planeta Tierra.

La ceremonia de entrega para elegir el Árbol Europeo del Año se realizará el 24 de marzo en el edificio Paul-Henri Spaak del Parlamento Europeo, en Bruselas. La votación ya está cerrada, pero te invitamos a elegir tu propio ganador de entre los 12 candidatos y a disfrutar con sus insólitas historias.

Tilo del Sacrificio, en Letonia

Tilo del Sacrificio | Dainis Kärkluvalks

El tilo de Valdemärpils, el más frondoso de los Países Bajos, tiene hasta leyenda propia, que habla de su uso como árbol sagrado. Lo cierto es que sus imponentes ramas crean una especie de santuario natural, un generador de energía que lleva desplegando a lo largo de su vida, de entre 400 y 500 años.

Roble de Kostrena, en Croacia

Roble de Kostrena | Davor Dragicevic

En la región croata de Kostrena, la bahía de Kvarner tiene un guardián de lujo. Se trata de un espectacular roble que, 250 años después, sigue tan lleno de vida como el primer día, firme junto a las puertas de la escuela, pensando en los marineros que han sido recibidos y despedidos bajo su copa.

Argyle Street Ash, en Reino Unido

Argyle Street Ash | Douglas Crawford

El fresno de Argyle Street, en el centro de Glasgow, es la supervivencia hecha árbol. Nadie lo plantó y nadie lo taló; su existencia no estaba planificada pero, 170 años después, yergue sus más de 25 metros de altura incrustado en la fachada, como una reivindicación viva del poder de la naturaleza.

Roble de Laukiai, en Lituania

Roble de Laukiai | Dalyte Ragauskaite

Si quieres sentir la energía que fluye de un árbol centenario, acércate al roble de Laukiai, un ejemplar que creció en silencio a lo largo de sus 400 años de vida y que, el pasado año, la comunidad lituana decidió restaurar su alrededor y ponerlo en valor, para agradecerle su sombra y su presencia a su lado.

Sophora del parque Prymorsky, en Ucrania

Sophora del parque Prymorsky | Andriy Starov

Vive lejos de sus raíces –que están entre China y Japón– y florece a finales del verano, cuando el resto de los árboles están ya en otra cosa, pero, a sus 60 años, la acacia del Japón de Chornomorsk, en la región ucraniana de Odesa, es un pedacito de vida que transmite resiliencia, vitalidad y estabilidad.

Cedro de Runa, en Portugal

Cedro de Runa | Cámara Municipal de Torres Vedras

Nació frágil pero el Sr. Alfredo –la persona que lo plantó a principios de la década de 1950– lo cuidó tanto que el cedro de la iglesia de Runa está integrado en el ADN de este pueblo portugués, en el municipio de Torres Vedras y, a sus 75 años de vida, comparte la vida local como un miembro más.

Árbol de los Recuerdos, en Hungría

Árbol de los Recuerdos | Bagyinzki Zoltán

Este puente vivo entre el pasado y el presente aún custodia las viejas historias de la mansión Gerla. Es el plátano de Londres más famoso de BéKéscsaba, en Hungría, un ejemplar que, a sus 170 años, es un museo viviente de todo lo que ha acontecido en la zona, un particular vínculo entre historia y naturaleza.

Ginkgo antiguo de St-Hilaire, en Francia

Ginkgo antiguo de St-Hilaire | Coralie Lorre

No es el árbol más habitual del país. Quizá por eso, por la majestuosidad de sus hojas doradas y la fortaleza de su especie –que existía antes del Jurásico y resistió a la bomba atómica–, este ginkgo biloba lleva ya 170 años desplegando su belleza en Meung-sur-Loire, en pleno valle del Loira francés.

Roble del Príncipe Ulrico, en Chequia

Roble del Príncipe Ulrico | Tomas Kalous

En sus más de 1000 años de vida, este roble, uno de los más antiguos de Chequia, ha sobrevivido a dos incendios y se mantiene vigilante desde Peruc, mientras cuenta su leyenda: la del príncipe Ulrich y su flechazo con una campesina que lavaba ropa bajo el roble y a la que acabó convirtiendo en princesa.

Viejo manzano silvestre, en Eslovaquia

Viejo manzano silvestre | Martin Babarik

A casi 900 metros de altitud, soportando viento, lluvias, nevadas y episodios de calor, el viejo manzano silvestre de Ziar, en la región eslovaca de Zilina, se mantiene inalterable 150 años después. Es un canto a la vida tranquila y los valores de siempre, la prueba viva del sentido de pertenencia a un lugar.

Árbol torcido, en Polonia

Árbol torcido | Piotr Piastra

Su ubicación –pegado al agua, sobre el foso en una isla cercana al castillo de las familias Szydlowiecki y Radziwill– ha obligado a este olmo blanco a inclinarse y crear una de las imágenes más bellas de Szydlowiec, tanto, que a sus 110 años ha sido escenario de varias generaciones de enamorados.

Secuoya gigante del parque Ledeboer, en Países Bajos

Secuoya gigante del parque Ledeboer | Rob Visser

¿Una secuoya gigante en Europa? Sí, la que protagoniza el Abraham Ledeboerpark de Enschede es una de las reintroducidas en el siglo XIX en el noroeste de Europa como símbolo de riqueza y poder, un magnífico ejemplar que, 160 años después, conecta el pasado y el presente industrial de la ciudad.

La imagen que abre el texto es Ginkgo antiguo de St-Hilaire | Emmanuel Boitier/ Terre Sauvage

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