Capadocia Chimeneas de las Hadas

5 visitas en Capadocia, el país de las hadas

Turquía ya no es Turquía. Erdogán, harto de que el nombre de su país se asocie con el de un pavo –en inglés se pronuncia igual– ha solicitado ante la ONU que Turkey pase a llamarse Türkiye –una palabra con arraigo entre sus habitantes–, y ya está todo aprobado.

Lo que no cambia es Capadocia, este mágico universo situado al sur de Ankara, que visitamos hoy y en el que encontrarás un paisaje con montañas de merengue y torres de cuento. Antes de adentrarte, un par de consejos: recórrelo a tu aire –en coche, globo o incluso caballo, haciendo honor a su nombre persa: Katpadukya, o país de bellos caballos– y abre bien los ojos, porque aquí la concentración de belleza es altísima. Recorremos 5 de los spots más genuinos de estos oníricos paisajes.

1. Nevsehir, la puerta de entrada a la magia

Nada más llegar a Nevsehir te sorprenderá la naturalidad con que esta pequeña ciudad de la Anatolia Central combina tradición y modernidad. En sus carreteras conviven coches de alta gama con algún que otro carromato y sus casas –la mayoría excavadas en la roca, al estilo troglodita– ostentan una flamante placa solar sobre el tejado. Pero lo que más te impactará de Nevsehir es su paisaje, ya que es la puerta de entrada a Capadocia, un extraño territorio cincelado por la naturaleza.

2. Uçhisar, el antiguo reino de las palomas

Uçhisar está a 10 km de Nevsehir por la D-302. La ciudad es el punto más alto de la región y desde su castillo, a 160 m de altitud, tendrás todo un paisaje lunar lleno de agujeros ante tus pies. Pero, como es habitual en Capadocia, nada es lo que parece: el castillo es en realidad un montículo que sirvió de fortín y torre de vigilancia y, las cavidades, los cientos de palomares que han hecho famosa a esta zona, cuyos habitantes vivían de comerciar con guano, el abono de estas aves, que era muy útil para las uvas.

3. El parque de Göreme, un gran museo al aire libre

Tras el Valle de las Palomas llegarás al Parque Nacional de Göreme, un museo al aire libre, catalogado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. En el periodo romano, los cristianos perseguidos se refugiaron aquí y construyeron sus iglesias y monasterios. Pero no levantaron edificios, sino que, al igual que en el resto de la región, excavaron la roca hasta construir templos con columnas y naves, en la mayoría de los casos, bellamente decorados. Pon a punto tu cámara y organízate antes de entrar: la afluencia de turistas es elevada y el tiempo para ver cada iglesia, nunca más de 5 minutos por grupo, muy estricto.

Entre las más significativas están el monasterio de las Monjas –con cuatro pisos–, la capilla de San Basilio, la iglesia de Manzana, la capilla de Santa Bárbara y la iglesia de la Serpiente y sus frescos de San Onofrio: una mujer rica y bella que, al enviudar, pidió a Dios que la afeara para que los pretendientes la dejaran en paz y, al día siguiente, se despertó con barba. También verás la iglesia Oscura, que tiene los frescos mejor conservados, ya que estuvo cerrada mucho tiempo y preservada de la luz, y cuya entrada se paga aparte.

4. Paisajes imposibles en la región de los valles

Antes de abandonar Göreme, acércate al Valle de Esentepe –uno de los puntos panorámicos más completos– y al Valle del Amor que, según la hora del día, te mostrará sus laderas como si fueran lienzos de satén rosa. Pásate también por el Valle de Pasabag, donde están las Chimeneas de las Hadas, unas formaciones cónicas con cabezas de piedra casi tan fotografiadas como el Camello, la Foca o el Delfín de piedra del Valle de Devrent.

Aunque la escenografía de Capadocia parece salida de un laboratorio, tiene una explicación: hace millones de años, tres volcanes de la zona entraron en erupción y cubrieron la superficie de toba y basalto. La acción del clima sobre estos minerales –el primero se erosiona y el segundo se quiebra– diseñó las formas y colores de este espacio, que ocupa unos 25 km2.

5. Kaymakli, una ciudad con 10 pisos bajo tierra

Vuelve a Nevsehir y toma la D-765 hasta Kaymakli, a 20 km, donde verás una de las más de 100 ciudades subterráneas de la zona. Si no tienes problemas de obesidad o de claustrofobia, descubrirás todo un núcleo urbano perfectamente organizado –con letrinas, molinos y sistemas de ventilación–, que albergó a 700 personas a 40 m de profundidad y hasta 10 pisos bajo tierra. El interior, un entramado de pasillos con forma de árbol, incluía bodegas, cocinas, iglesias y estancias. Los establos quedaban fuera, a la entrada –los animales no cabían– y, al lado, ponían las letrinas y las tumbas, tapadas con grandes piedras, para que el olor no alertara a los enemigos. El entramado de chimeneas de ventilación y la seguridad –avisaban de la presencia de enemigos con un juego de espejos– convertían estas ciudades en un pequeño búnker en el que se podía estar hasta 3 meses sin necesidad de salir.

6. Los paisajes del valle de Ihlara y Selime

Al sur de Kaymakli, verás que el paisaje se vuelve frondoso y lleno de vegetación (y de senderistas). Se trata del río Melendiz que, a su paso por Ihlara, crea un espectacular cañón. Y, junto a él, una preciosa iglesia excavada en la roca: la de Agaçalti.

Cerca está Selime. Aquí encontrarás la tumba de Ali Pasha, un importante gobernador selyúcida –dinastía turca del siglo IX– y lo que se conoce como La Catedral: un centro religioso que, al igual que el resto de construcciones de la zona, se excavó en la roca. A pesar de su antigüedad –hacia el siglo VIII– su aspecto es el de una colmena, con estancias y pasillos distribuidos en varias plantas que conectan la nave central con las laterales y otras estancias, que eran las habitaciones de los monjes.

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