Ostenta como pocas el título de ser la capital cultural y artística del país, incluso, en los últimos años, compite por concentrar la mejor arquitectura de toda Suiza. Jovial, desinhibida y con un punto provinciano, Basilea celebra la vida en cada rincón y época del año, pero pegada a su historia y sus ancestrales tradiciones. Antes de que el Festival de la Canción de Eurovisión –del 10 al 17 de mayo– lo ponga todo patas arriba, recorremos la esencia de esta deliciosa ciudad en una ruta que comprende cuatro de sus cinco puentes que cruzan el Rin, el río con el que comparte su genética de frontera.
1. El universo móvil de Tinguely y la silueta de las Torres Roche


Empezamos nuestra ruta en la margen derecha del Rin, a la altura del Schwarzwaldbrücke, por uno de los iconos que mejor definen a la ciudad, el Museum Tinguely, no solo por estar dedicado a uno de sus artistas fetiche, el padre de las esculturas cinéticas, sino porque el edificio lo firma el suizo Mario Botta, uno de los grandes la arquitectura internacional. Cerca, la silueta de las Torres Roche –obra de los también suizos Herzog & de Meuron, responsables del CaixaForum de Madrid–, las torres habitables más altas del país (con 205 metros), ponen la nota vanguardista al skyline de esta parte del río.
2. Messeplatz y Art Basel, una ventana al mundo


Si sigues hacia el noroeste de la ciudad, una vez pasada la Delphin-Brunnen, llegarás a Messe Basel (la Feria de Basilea), el espacio donde se organizan exposiciones y eventos y que, cada mes de junio, acoge Art Basel, una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo. Si te ha gustado el contenido, échale un vistazo al continente porque es otra de las locuras arquitectónicas de Herzog & de Meuron. Es el City Lounge, el edificio central y punto de encuentro de la feria con un llamativo orificio central, una ventana al cielo que puedes explorar de forma gratuita.
3. Todo un catálogo de buen vivir en torno al Rin


Rutas en bici, paseos urbanos y, de abril a octubre, los mejores lugares para picar algo: los Buvettes, kioskos pegados a la orilla del río, con joyas como Buvette7 Flora am Rhy –prueba el hummus con pan rústico y su Spritz con fresa, ruibarbo y pimienta– o Fähribödeli, bajo el Palatinado –abre el 29 de mayo–, entre otros. Otro momento que te hará sentirte como un local es meter tu ropa en una Wickelfisch –una bolsa impermeable inventada en Basilea con forma de pez–, doblarla 7 veces y lanzarte con ella al Rin, para ver el casco antiguo a lo largo de 3 kilómetros mecido por las aguas.
4. Mittlere Brücke, el eterno espectador de las rutas en ferry


Mittlere Brücke puede parecer un puente más de los 5 que cruzan la ciudad, pero dedícale tiempo porque estás ante la joya de la corona de Basel. Esta construcción de 1226 es, además, uno de los pasos más antiguos entre el lago Constanza y el mar del Norte sobre el Rin, el río que, al noroeste de la ciudad, comparte cauce con Francia y Alemania. En un extremo verás Helvetia auf Reisen, la imagen de Suiza de viaje y, en el otro, Schifflände, la terminal desde donde zarpan barcos. Para un paseo en clave slow, los 4 ferries de Basilea –Wild Maa, Leu, Vogel Gryff y Ueli– cruzan el Rin impulsados por un cable.
5. Kleinbasel, el pequeño-gran barrio de moda


Nadie apostaba hace años por Kleinbasel (la pequeña Basilea), el barrio que crece al otro lado del río, frente a Großbasel y el casco antiguo. Pero, tras un lavado de cara, esta zona que recordaba al Berlín Este, con casas grises y altos índices de peligrosidad, es el barrio de moda. Es también la orilla soleada del Rin, un factor que atrae a bohemios y artistas y que ha creado un ambiente multicultural, disfrutón y mediterráneo en torno a espacios de autor como, Klara –templo de la diversidad, con agenda cultural y 9 cocinas diferentes– o Bäckerei Kult, con oferta cambiante y rica rica, especial amantes del horneado.
6. Señoras y señores: la Puerta de Spalen y el Ayuntamiento


Si ya echabas de menos ver en directo ese edificio rojo que asoma entre posavasos y riñoneras en las tiendas de souvenirs, aquí lo tienes: el Ayuntamiento. Es también la sede del Gobierno del Cantón y del Parlamento de la ciudad, todo en una preciosa construcción que alterna arquerías, torres y patios cuya visita es gratis. Echa otro vistazo a su fachada, primorosamente decorada, y el mercadillo que se instala en la Marktplatz antes de poner rumbo a Spalenberg. En este barrio reina la majestuosa Spalentor, una de las tres puertas que se conservan de la muralla, de 1400, clave en el comercio con Alsacia.
7. La Catedral y sus 800 años de historia


Vuelve sobre tus pasos y, una vez dejado atrás el Ayuntamiento, el Museo de Historia Natural y el Museo Etnográfico, te toparás con la plaza de la Catedral y esta extraordinaria construcción gótica, con sus dos torres –¡y sus 250 escalones!–, su característico color de arenisca roja y la tumba de Erasmo de Róterdam. Estás en pleno casco antiguo, así que tienes dos opciones muy apetecibles: callejear por este entramado medieval, uno de los mejor conservados de Europa, o acercarte al Pfalz, la gran terraza sobre el Rin que regala una de las panorámicas más interesantes de la ciudad.
8. Un museo con mucho que contar y 2.500 ositos de peluche


¿Ya te hemos dicho que Basilea cuenta con más de 40 museos? Si cruzas la Mönsterplatz en dirección contraria al río te toparás con uno de los más interesantes, tanto, que su colección está repartida en tres sedes: una antigua iglesia, una mansión señorial y una vieja prisión –cuyas celdas exponen 650 instrumentos musicales– forman el Historisches Museum, el Museo Histórico de Basilea. Cerca, otra rareza capaz de sacar tu faceta más infantil: el Spielzeug Welten Museum (Museo de Juguetes), con 4 pisos y más de 6.000 juguetes, entre tiovivos, casas de muñecas, LEGOs y 2.500 ositos de peluche.
9. Tinguely, el lugar donde nada es lo que parece


En medio de este entramado cultural, Tinguely Brunnen (la Fuente Tinguely) es un oasis de relajación y un homenaje en sí misma, ya que el artista la colocó, en 1977, en el lugar donde había estado el teatro municipal y frente al actual. Son 10 figuras en constante movimiento dispuestas a modo de bailarines sobre un escenario. Muy cerca, otra rara avis que merece (y mucho) una visita: la Elisabethenkirche (Iglesia de Santa Isabel). Es el primer templo evangélico tras la Reforma, un edificio bonito que se define como iglesia abierta, ya que alterna actos religiosos con clases de yoga o comidas de empresa.
10. Un apasionante viaje por la historia del arte contemporáneo


Acostumbrado a aparecer en las listas de récords, el Kunstmuseum Basel no solo es el primer museo del mundo –se inauguró en 1661– sino uno de los más completos, con más de 300.000 obras maestras de los últimos 700 años donde están los big five del arte, desde Matisse y Miró hasta Paul Klee, Monet o Cézanne. Su colección se reparte entre el Edificio Principal y el Edificio Nuevo –con obras de Picasso que donó el propio autor– y el Gegenwart, los tres ubicados en St. Alban, un barrio tranquilo y poco turístico pero altamente recomendable, al que llaman la pequeña Venecia y que dará mucho que hablar.
La imagen que abre el texto es Muelle | Fietzfotos. Albrecht Fietz. Pixabay.

