Es, junto a Fez, Marrakech y Mequinez, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos –las capitales que ha tenido el país a lo largo de su historia– y gran parte de su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad. Refinada y elegante, Rabat se mantiene (de momento) al margen del turismo de masas, con una oferta tradicional y cosmopolita y el ojo puesto en el arte, la arquitectura y la modernidad a partes iguales.
Este año, la oferta cultural se redobla con su nombramiento como Capital Mundial del Libro 2026, convirtiéndose en la primera ciudad marroquí y la quinta de África que recibe este título. La programación, que coincide con el Día Internacional del Libro y el Salón Internacional de la Edición y el Libro, es solo uno de los motivos para venir a descubrir la Ciudad de los Jardines.
1. Celebrar el Día Internacional del Libro en la capital de la lectura

Con 54 editoriales y la tercera Feria Internacional del Libro y la Publicación (SIEL) más grande de toda África, Rabat se transforma este año –del 30 de abril al 10 de mayo– en el paraíso de bibliófilos y lectores. La cita es en OLM Souissi, un espacio de ferias que se transformará en centro de eventos literarios, clases magistrales, talleres literarios y maratones de lectura. A esto hay que sumar la designación de la ciudad como Capital Mundial del Libro 2026, una convocatoria con Francia como país invitado y cuya toma de posesión se realizará en una fecha 100% literaria: el 23 de abril.
2. Bailar a ritmo de trap en el Mawazine Festival (o de jazz en Jazz à Rabat)

Con más de dos millones de asistentes anuales, Mawazine es ya uno de los mayores festivales de música del planeta, una ventana al ADN moderno y disfrutón de Rabat cuyo éxito radica en combinar estrellas internacionales –por aquí han pasado desde Rosalía hasta Pitbull– con artistas locales. Este macro evento de ritmos del mundo se celebra en OLM Souissi y otros escenarios –la mayoría, gratuitos– del 19 al 27 de junio. En septiembre, el jazz tiene también espacio propio con Jazz à Rabat, un festival de fusión europeo que en 2025 cambió su ubicación en Chellah por el anfiteatro del parque Hassan II.
3. Pasear junto a las ruinas romanas (y las cigüeñas) de El Chellah

Los fenicios y romanos ocuparon este asentamiento que años después, en el siglo XIV, se convirtió en necrópolis. Es El Chellah, un espacio recientemente rehabilitado que, a día de hoy, conserva los restos de este asentamiento romano, con su foro y sus termas, y el cementerio de la vieja Salé. Su ubicación, en el extrarradio de la ciudad, suele dejarla fuera de las visitas pero te recomendamos incluirlo en tu ruta –es media hora de paseo– y disfrutar de este espacio verde, la comunidad de cigüeñas que ha anidado en el antiguo minarete y la impresionante perspectiva de las tumbas de los sultanes merínides.
4. Admirar el Museo Mohamed VI de Arte Moderno y Contemporáneo

En la parte nueva de la ciudad, rodeando la mezquita Assounna Ave Tachfin, encontrarás una cuadrícula dedicada a la cultura que concentra Arts Villa, el Museo Arqueológico de Rabat, el Museo Nacional de Correos y el Museo Mohamed VI de Arte Moderno y Contemporáneo. Si solo vas a visitar uno, te recomendamos este último, no solo por su elegante y moderno edificio –es el primer museo de África en utilizar energía solar para su mantenimiento– sino por su interesante colección que incluye más de 400 obras de artistas marroquíes de los siglos XX y XXI, como Hassan Hajjaj y Ahmed Yacoubi.
5. Descubrir la catedral de San Pedro, una joya modernista y católica

Aún en la parte nueva, entre coquetos cafés de estilo parisino y edificios de antigua estética colonial afrancesada, encontrarás una joya que tampoco se suele incluir en las visitas a Rabat. Es la catedral de San Pedro, una rareza de confesión católica inaugurada en 1921 en la plaza del Golán. Su construcción, en plena efervescencia del art déco, sigue los cánones de este movimiento arquitectónico y del árabe, con elegantes mosaicos y vidrieras y dos altas torres de un impoluto color blanco que, junto a los minaretes musulmanes, forman ya parte inseparable del skyline de la ciudad.
6. Viajar de la torre Mohamed VI a la Wakanda de Black Panther

Proyectada para convertirse en símbolo del nuevo Marruecos, la Torre Mohammed VI es uno de los edificios más icónicos e interesantes de Rabat y una firme apuesta por las energías renovables, que combina paneles fotovoltáicos y ventilación natural. Diseñada por el español Rafael de la Hoz, sus 250 metros de altura y 55 pisos pueden verse a 50 kilómetros a la redonda, lo que le convierte en el tercer edifico más alto del continente y regala unas vistas únicas desde su mirador sobre el río Bu Regreg. Si su estética te suena estás en lo cierto: copia la de la imaginaria Wakanda, donde vivía Black Panther.
7. Soñar entre los muros del Théâtre Royal de Rabat

Dentro del plan para reactivar el valle del Bu Regreg, otra de las joyas indiscutibles que surge junto a la ribera del río es el Théâtre Royal de Rabat, un magnífico edificio con 1.800 asientos y un anfiteatro con capacidad para 7.000 espectadores. Pero, si te impresionan sus dimensiones, lo que te dejará sin habla es el espectacular diseño de este teatro, ideado por el estudio de la grandísima Zaha Hadid, que se inspiró en el río y la caligrafía árabe para proponer estos muros ondulantes y acristalados y, desde su inauguración, en octubre del pasado año, está listo para convertirse en un contundente faro cultural.
8. Caminar junto de la Torre Hassan y el Mausoleo Mohamed V

El gran centro histórico de Rabat es un gran espacio que aúna el mausoleo Mohammed V y la Torre Hassan. El primero es un lujoso espacio de mármol con un deslumbrante techo dorado y ricos adornos donde están enterrados el abuelo, el padre y el tío del actual rey de Marruecos; la guardia a caballo que lo custodia y el tejadillo verde –símbolo del Islam– merecen más de una foto. A su lado, la Torre Hassan es el sueño de lo que pudo ser, un grandioso diseño del sultán Yacoub al-Mansur para construir una mezquita de la que, en la actualidad, solo queda parte del alminar y restos de los pilares de piedra.
9. Perderte en la Medina y sus zocos

Más pequeña que las de Fez o Marrakech, pero igual de auténtica –y mucho menos agobiante– la Medina de Rabat es otra visita básica para sentir el pulso de la ciudad. Te recomendamos venir sin prisa desde primera hora de la mañana –verás a los locales guardando su turno para comprar pan– y curiosear tanto en la Rue Souika y Rue des Consuls –las calles comerciales por excelencia– como en sus diferentes zocos, dedicados a ámbitos como el oro, el cuero o los telares y donde puedes ver la esencia de los oficios tradicionales y, por supuesto, llevarte una pieza única previo obligatorio regateo.
10. Relajarte en los Jardines Andalusíes

En uno de los laterales de la Medina –el perímetro abarca desde la muralla hasta la zona moderna del centro– encontrarás una de las aportaciones más refrescantes de la cultura musulmana a la historia: el arte de unir espacios verdes y fuentes. Es el Jardín Andalusí, un espacio pegado a la Alcazaba que te teletransporta a los Jardines del Generalife de Sevilla y su entorno, un rincón inspirador y lleno de magia. Su falta de antigüedad –en contra de lo que puedas pensar, se levantó en el siglo XX, bajo el dominio francés– no le quita ni un ápice a su condición de lugar relajante, socializador y bellísimo.
11. Saborear un té a la menta en el Café des Oudayas (antiguo Maure), el barrio azul

Subiendo hacia la desembocadura del río verás la Kasbah de los Oudayas, llamada así por la tribu árabe Udaya, que se instaló aquí en el siglo XIII para proteger la ciudad. ¿Qué tiene de especial este barrio Patrimonio de la Humanidad? Aquí encontrarás Jemâa Al Atiq, la mezquita más antigua de Rabat, y la Alcazaba, una fortaleza en tonos ocre muy bien conservada. Además, te encantará la autenticidad de sus casas en blanco y azul, las buganvillas, las colonias de gatos… Algo que solo puede superarse tomando un té moruno en el Café des Oudayas (antiguo Café Maure) y viendo la vida pasar.
12. Tomar el sol en la playa de Al Marsa

Quizá la playa no entre en tus prioridades a la hora de venir a Rabat, pero la ciudad tiene unos cuantos arenales bastante interesantes y muy frecuentados por los locales que pueden convertirse en un agradable paréntesis. Dejando atrás la Kasbah de los Oudayas encontrarás la playa del mismo nombre –también de Al Marsa o, simplemente, playa de Rabat–, un lugar bullicioso perfecto para pasear y disfrutar la luz del amanecer sobre las murallas. Si buscas algo más tranquilo, una opción es la playa de Salé, al otro lado del río; y, para sentir la fuerza del Atlántico y surfear, pon rumbo a Temara y Skhirat.
La imagen que abre el texto es Torre Hassan | Larsonb. Pixabay

