Del Contributo di Accesso que convirtió a Venecia en el primer destino urbano con entrada de pago, al límite de horario de venta de alcohol en Split para prevenir el turismo de borrachera, pasando por las iniciativas de Copenhague y Berlín, que premian a los visitantes que hacen las cosas bien –en vez de castigar a los que las hacen mal– e invitan a comer a los que recojan basura.
Europa combina legislación e imaginación para aliviar la presión de unos destinos sobresaturados en los que el tejido social se ha vuelto insoportable, un monocultivo turístico que representa el 10,5% del PIB de la UE y que emplea a 12,3 millones de personas, pero que exige una regulación urgente que el Parlamento votará en el segundo semestre de 2026. Estas son algunas de las normas que encontrarás en estos meses y que tienes que tener en cuenta a la hora de recorrer el viejo continente.
Venecia penaliza a los viajeros de un día

Para frenar el gigantesco parque temático que es Venecia, la alcaldía recupera la tasa que puso en marcha en 2025: una tarifa de 5 € con QR para excursionistas de un día. Este año, se amplía a 60 días entre abril y julio, hay que reservarla con antelación en una plataforma –si lo haces a última hora, serán 10 €– y solo te libras de ella si te alojas en la ciudad o si vienes antes de las 8:30 o después de las 16 h.
Edimburgo busca alargar las estancias de los turistas

Este año, Edimburgo se convertirá en la primera ciudad del Reino Unido en cobrar una tasa turística. La medida, que entrará en vigor el 24 de julio –casualmente, justo antes del Festival de Edimburgo, del 7 al 30 de agosto– cobrará un 5% del precio de la habitación por noche; a diferencia de otras ciudades, aquí no se penalizan estancias de un día, ya que se aplica durante las 5 primeras noches de alojamiento.
Calanque de Sugiton, acceso con reserva previa

La belleza de la Calanque de Sugiton, una impresionante cala con aguas turquesa cercana a Marsella, atrae a tanta gente que ha terminado por erosionar el terreno y poner en peligro a los pinos cercanos. Para preservar la biodiversidad, el Parc National des Calanques limita el número de visitantes a 250 simultáneos al día, con un sistema de reservas gratuita, pero obligatoria para poder acceder.
Verona cobra a los enamorados que suben al balcón

Lo único de cierto en la casa de Romeo y Julieta, en Verona, es que estuvo habitada por la familia Cappelletti, el nombre que Shakespeare transformó en Capuleto. Aún así, las avalanchas que buscan este romántico rincón son tantas que las autoridades han decidido cobrar por entrar (12 €), limitar a un minuto el acceso al balcón y reducir de 130 a 100 el número de personas a la vez dentro de la casa.
Ámsterdam y su cruzada anti viajeros juerguistas

Si vienes a Ámsterdam para fumar porros y fotografiar las prostitutas del Barrio Rojo y ni siquiera te quedas a dormir no eres bienvenido. Es el mensaje de sus autoridades que, hartas de mochileros y despedidas de soltero, prohiben fumar cannabis en espacios públicos y reducen el horario de clubs; además, penalizan las visitas cortas con la tasa más alta de Europa y limitan el atraque de cruceros.
Copenhague te recompensa si llegas en tren

Copenhague no soporta mucho turismo, pero la alta concentración de visitantes –64.000 personas por km2 en 2025– pone en peligro su liderato como ciudad verde. La capital danesa se protege con refuerzo positivo y, en verano, continúa con su CopenPay, un programa que premia a los viajeros que usan transporte público, recogen basura o alquilan bicis con almuerzos, sesiones de yoga o alquiler de kayak.
Capri lucha contra los vendedores más pesados

Si Capri comenzó 2026 limitando el tamaño de los grupos turísticos y prohibiendo que usaran altavoces y paraguas identificativos, ahora, la bohemia isla italiana defiende su gracia y elegancia innatas a la hora de vender sus productos y penaliza a restaurantes, discotecas, tiendas de souvenirs… que capten a posibles clientes de forma invasiva e insistente con multas que van de 25 € a 500 €.
Atenas aísla el centro histórico del turismo

¿Qué pasa cuando una población como la de Atenas, con menos de 700.000 habitantes, recibe a más de 8 millones de turistas? Aparte de convertirse en un gigantesco hotel, la demanda urgente de transporte, agua, limpieza, redes wifi… hace que todo colapse. De momento, el alcalde opta por congelar Plaka –el barrio de la Acrópolis– y paralizar hoteles y apartamentos turísticos en la zona.
París, con entradas más caras en el Louvre

Sus 490.000 piezas –de las que solo 35.000 están expuestas– convierten al Louvre en el museo más grande y visitado del mundo, un honor que también es una carga para París que, a su vez, es la ciudad con más turistas. Los 9 millones de visitantes que recibió en 2025 –300.000 más que el año anterior– han hecho que, este año, el museo duplique el precio de la entrada para ciudadanos de fuera de la UE.
Cinque Terre y sus senderos de sentido único

Después de soportar 4 millones de turistas en una superficie de 1 km2, Cinque Terre coge las riendas para regular sus visitas y, aparte de promocionar el slow travel con incentivos para estancias en invierno y primavera, limita los grupos de un máximo de 40 personas, prohibe el uso de altavoces y establece senderos de una dirección, como el Sentiero Verde Azzurro, para evitar tapones a los senderistas.
Dubrovnik limita el atraque de cruceros

A Dubrovnik el turismo de masas no le llega por tierra, sino por mar, pero la gran dependencia del país de este sector –el 20% del PIB frente al 13% en España– impone tratarlo con mimo. De momento, solo se permite atracar dos cruceros simultáneos al día, que deberán estar un mínimo de 8 horas. Además, se limita a 4.000 los cruceristas que bajen a ver las murallas, cuya entrada habrán reservado antes online.
Berlín te premia si recoges la basura

El gran problema actual de Berlín es la basura y, aunque los turistas no son exclusivamente parte del problema, la ciudad les invita a ser parte de la solución. ¿Cómo? Con un BerlinPay –siguiendo la estela de Copenhague– que premia la recogida de basura en las orillas de los canales acuáticos con incentivos como visitas gratuitas a los museos, rutas en barco y almuerzos en restaurantes asociados.
Split, contra el turismo de borrachera

Limitar alojamientos turísticos y nuevos hoteles son algunas de las medidas con las que Split, uno de los iconos del turismo croata, intenta mantener el equilibrio entre no tener un centro abarrotado de turistas y que estos se vayan a la vecina isla de Vis. Pero el consumo de alcohol y las borracheras es su caballo de batalla, una guerra en la que el alcalde contraataca prohibiendo su venta entre las 20 h y las 6 h.
Colonia cobrará por entrar a su Catedral

Además de ser el monumento más visitado de Alemania y Patrimonio Mundial de la Unesco, la Catedral de Colonia era gratuita, hasta ahora. Unos 6 millones de personas al año visitan esta joya del gótico, una maravilla que tardó más de 6 siglos en construirse y que cuesta mantener –unos 16 millones de euros al año–, lo que ha hecho que el cabildo imponga una tasa de 15 € desde julio de este año.
Santorini, la seguridad ante todo

Si la belleza y los buenos precios son un aliciente para venir a Santorini, la condición de isla agrava la asfixia que sufre este destino griego. Las medidas, que ya existían, crecen tras los últimos terremotos para garantizar la seguridad de todos, turistas incluidos. En 2026, se cobra 20 € por cada crucerista que baje a tierra, se regula el tráfico en el puerto y se eliminan tumbonas y sombrillas de 251 playas.
Funes y su barrera anti ‘selfies’

El bucólico paisaje de Funes, una pequeña localidad del Tirol italiano, en los Dolomitas, tuvo la mala suerte de aparecer en un spot publicitario de la televisión china; desde entonces, hay una constante invasión de chinos y japoneses que «llegan, hacen la foto y se van». La solución, de momento, es una barrera antiselfies, cerrar la carretera en hora punta e incrementar los 4 € que cuesta aparcar.
Zaanse Schans, en lucha para preservar su intimidad

También en Países Bajos, Zaanse Schans, un pintoresco pueblecito con molinos de viento, canales y tulipanes ha dicho basta al turismo invasor. Desde esta primavera, la tasa por entrar es 17,50 € –con acceso a un molino de viento y al museo local–, una recaudación para mejorar infraestructuras y disuadir a los 2,4 millones de visitantes anuales que recibe esta población, de apenas 100 habitantes.
Roma y su fuente de pago

Tras las obras y las remodelaciones, la espectacular Fontana di Trevi es finalmente de pago. La tasa no será muy alta –2 €–, pero habrá que pagarla para pasar el torniquete de acceso y esta moneda no contará para atraer la buena suerte. Para ahorrártelos, tendrás que ser residente en Roma, o bien verla de lejos, o de noche y así emular a Anita Ekberg y su sensual baño ante Marcello Mastroiani.
La imagen que abre el texto es Santorini | Dimitry B. Unsplash

