La más pequeña de las grandes ciudades austriacas, la capital del oro blanco –Salzburgo se enriqueció a raíz de la extracción de sal de sus montañas; de ahí su nombre: Salz, sal en alemán– y, desde luego, el gran escenario del mundo, la urbe donde se gestó Sonrisas y Lágrimas, la misma que cada año acoge los Festivales de Salzburgo, con más de 200 eventos de ópera, teatro y conciertos.
Da igual por lo que conozcas esta ciudad austriaca: nada más llegar entrarás en una marea Mozart de patitos de goma, bolígrafos, paraguas, pasta para cocinar… Absolutamente todo aquí está vinculado a este genio de la música y lleva su imagen. Por eso, cuando pongas un pie en Salzburgo, sentirás que comienza el espectáculo.
1. Mozart Geburtshaus, la casa natal del genio


Comenzamos en Getreidegasse, el callejón más antiguo. El espíritu más latino y desenfadado de la ciudad –el mismo que sale a la calle en cuanto termina la temporada de lluvias– se concentra aquí, el punto más cool de Salzburgo. Hasta sus antiguos timbres de cordón o los carteles metálicos de las tiendas –los comerciantes publicitaban sus productos con dibujos porque la gente no sabía leer– parecen formar parte de esta decoración vintage que, en realidad, tiene cientos de años a sus espaldas. Pero, sobre todo, en Getraidegasse se encuentra la Mozarts Geburtshaus, la casa natal del compositor, y el punto más visitado, así que madruga para ver con tranquilidad las joyas del museo, por ejemplo, el clavicordio con el que Mozart compuso La Flauta Mágica.
2. Altermarktplatz y Residenzplatz: entre ‘Trachten’ y ‘Fiaker’


Estás Altermaktplatz, el antiguo mercado y el espacio que atesora un increíble récord: la casa más estrecha de Salzburgo, ¡con 1,42 m de ancho! Es también un espacio lleno de tipismo donde es fácil ver a los salzburgueses ataviados con sus Trachten –ellos, con pantalones cortos de cuero y, ellas, con vestido y corpiño–, que muchos usan los domingos o incluso como traje de gala para casarse. La zona también concentra la mayoría de los Fiaker de la ciudad, los elegantes coches de caballos con los que puedes recorrer este monumental espacio. Los carruajes se reúnen en Residenzplatz, el edificio donde vivían príncipes y arzobispos.
3. DomQuartier, el elegante Barrio de la Catedral


La zona de el DomQuartier (Barrio de la Catedral) derrocha tanta elegancia que no cuenta con una, sino con cinco plazas, una serie de espacios amplios –con sus correspondientes museos– de factura italiana que, junto a la línea barroca de la Catedral –aquí bautizaron a Mozart–, hicieron que Salzburgo fuera conocida como la Roma del Norte. Fíjate en el efecto óptico de esta última –según te acercas a la entrada parece que los ángeles de la fachada colocan la corona sobre la cabeza de la Virgen– y entra en Kapitelplatz para ver su ajedrez gigante y su Sphaera, la inmensa bola dorada del artista alemán Stephan Balkenhol. Después, acércate a la Mozartplatz para escuchar alguna de las bandas locales que interpretan música de forma espontánea y gratuita. De Mozart, claro.
4. Un castillo-búnker


Lo llevas viendo desde que has llegado a Salzburgo, allí, en lo alto, con su imponente silueta recortada sobre el Mönschsberg: es la Fortaleza Hohensalzburg, el castillo más grande y mejor conservado de Europa. La obra, que comenzó a construirse en el siglo XI, ocupa 30.000 m2 en los que no solo había soldados, sino jardines, granjas y todo lo necesario para, en caso de peligro, sobrevivir durante 6 años. Nadie consiguió conquistarla, aunque sí la entregaron dos veces, una de ellas, a Hitler. En la actualidad, además del museo, puedes ver el pozo de palanca y el espacio dedicado a las marionetas –incluidas las originales de la película Amadeus– o disfrutar con las impresionantes panorámicas desde cualquiera de sus miradores.
5. Vanguardias y paseos 100% verdes


Salzburgo es una ciudad enamorada del arte que necesita expresarlo en todas sus manifestaciones. Arriba del Mönschsberg, si has subido en ascensor para ver Hohensalzburg –ojo si vas con perro, porque también pagan entrada–, te encontrarás de frente con el Museum der Moderne, de arte contemporáneo. Al lado tienes dos obras –de Mario Merz y James Turrell– de las 12 diseminadas por la ciudad que forman un paseo de arte moderno, en el que también encontrarás creaciones de Anselm Kiefer, Marina Abramovic o el español Jaume Plensa. Tras el arte, date un regalo natural y aprovecha para bajar la colina caminando. Estás en una red de senderos que conecta los alrededores de la ciudad y que es muy transitada por los salzburgueses, algo sorprendente en un enclave cien por cien verde, donde a cada habitante le corresponden más de 4 árboles.
6. Un vals con el río Salzach


Como cualquier otro río, el Salzach tiene un puente – el Makarsteg– tapizado con cientos de candados y riberas llenas de gente tumbada sobre el césped. Incluso la Salzach Galleries, una feria de artesanía (hasta fin de septiembre) en la que llevarte, por ejemplo, unos pendientes con caparazones de escarabajo. Pero lo que pocos ríos tienen es un barco como pareja de baile. En el Salzach, el Amadeus Salzburg zarpa y, a mitad de la travesía, ¡sorpresa! empieza a bailar un vals sobre el agua, con giros, idas y venidas que ponen a prueba tu sentido del equilibrio. Más adelante, en la misma calle, te espera una deliciosa zona de relax llena de cafés y terracitas chillout; algunas incluso con arena de playa, como el Cafe am Kai, con helados artesanales, zona lounge y un ambiente que, según ellos mismos, es el más cool de la ciudad.
7. Mirabell y las 4.000 rosas


Cruza el Salzach por el puente de Müllner para deleitarte con otro espectáculo: el Palacio de Mirabell, el regalo que el arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau construyó a su amante. Los cientos de turistas que llegan cada día comparten espacio con las parejas de diferentes partes del mundo que vienen aquí a casare. Tanto el Palacio como los Jardines son de acceso libre y, entre músicos callejeros, estatuas vivientes vestidas de Mozart y los extraordinarios senderos de flores, con más de 4.000 rosas, encontrarás, por ejemplo, las escaleras donde Julie Andrews canta el Do-Re-Mi en Sonrisas y Lágrimas. O la casita de madera que Mozart recreó en La Flauta Mágica.
8. Sonrisas y Lágrimas, el pasado a flor de piel


Estás muy cerca de otro icono que no te puedes perder, así que ponte el Tracht para ver Sonrisas y Lágrimas. El musical, que narra la historia de la familia Trapp, se representa en el Salzburger Landestheater, con llenos absolutos y subtítulos en inglés, y alcanza momentos épicos, como cuando irrumpen los soldados de Hitler entre el público o cuando toda la sala se pone en pie cantando Edelweiss. Muy cerca, la Mozart Whonhaus, el lugar donde estuvo residiendo el omnipresente compositor, cierra esta ruta por Salzburgo, la pequeña gran joya del barroco europeo.
La imagen que abre el texto es Patitos Mozart | EVG


