Bruxelles Pelicaen Carmen R. Pinos

Ruta golosa para adictos al chocolate

No hay duda de que aumenta las endorfinas y posee propiedades antioxidantes pero, admítelo: comes chocolate porque está riquísimo. Es un manjar de dioses tan fuera de toda norma que cuenta con millones de seguidores en el mundo dispuestos a recorrer el planeta en busca de las mezclas más insólitas y los sabores más genuinos. El cacao nació en Suramérica, el continente que, junto a África, concentra a grandes productores como México –parece que el nombre proviene de los mayas, que llamaban xocoatl al cacao–, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Ghana y Costa de Marfil, pero es en Europa donde se transformó en chocolate y alcanzó la categoría de delicia pura. Hoy, en el Día Internacional del Chocolate, recorremos el continente europeo en una ruta golosa para adictos al chocolate.

1. Zúrich, directo al corazón del chocolate

Lindt Home of Chocolate | lindt-spruengli.com
Zuerich. Sprüngli luxemburgerli | zuerich.com

La gran ciudad suiza es uno de los epicentros del chocolate y primer destino de peregrinación al que debe acudir todo buen chocolatelover. A la visita obligada de Sprüngli, el legendario paraíso del chocolate de Zúrich –su escaparate se asemeja a una joyería, y sus trufas y luxemburgerli (la versión suiza de los macarons) llevan desde 1859 llenando de dulzura Paradeplatz y otras 16 sucursales solo en esta ciudad–, desde 2020 hay que sumar la de Lindt Home of Chocolate, un extraordinario museo (hasta el 31 de octubre, de lunes a domingo, de 10:00 a 19:00 h. Desde 15,70 €) ubicado en Kilchberg, junto al lago de Zúrich. Gestionado por Lindt y Sprüngli, el espacio ofrece un recorrido multimedia por la historia del cacao, centro de investigación, ruta sensorial, catas… y dos detalles que guardarás con mimo en la carpeta de dulces recuerdos: el bufé libre de chocolate –para comer cuanto quieras– y la mega fuente, con 1.400 kilos de chocolate fundido que preside el patio central del edificio.

2. Bruselas, el inventor del praliné

Bruxelles. Godiva | Carmen R. Pinos
Bruxelles. Laurent Gerbaud | Carmen R. Pinos

Imposible venir a Bruselas y no saborear una de sus cartas de presentación: el chocolate. Puedes elegir los bombones de alta costura de Marcolini; la excelencia de Godiva, proveedor de la Casa Real; las propuestas con onda familiar de Wittamer; los legendarios sabores de Neuhaus, el creador del praliné (un invento que recubría los medicamentos con chocolate para que fueran más digeribles)… Entre los artesanos de la ciudad no te pierdas las creaciones de Laurent Gerbaud, con sorprendentes fusiones de chocolate, frutas y especias. Los sábados imparte cursos de cata y maridaje (35 €), donde fabricarás tus propios bombones –con jengibre, higo, pimienta rosa…– y aprenderás (como lo oyes) a comerlos: muerde una porción, disuélvela en la boca, mastica el resto del chocolate… Y disfruta.

3. Salzburgo y la guerra de los bombones

Salzburg. Fürst | Carmen R. Pinos
Salzburg. Sachertorte | Carmen R. Pinos

Solo por pasar una tarde en el Café Sacher –aquí se concentra la esencia de Salzburgo, clásica y vanguardista, mirándose sobre el río Salzach– y saborear su megafamosa Sachertorte –bizcocho de chocolate, glaseado, mermelada de albaricoque, crema chantilly y algún toque secreto–, merecería la pena venir a esta ciudad austriaca, aunque la leyenda Sacher comenzó en Viena y, en el spa del hotel, triunfan los tratamientos (¡cómo no!) a base de chocolate. La merienda es un momento muy top de Salzburgo, una ciudad apasionada por el café –la competencia para comprobar quién tiene el café más selecto o el local más antiguo es feroz– y los bombones, con un conflicto que, durante años, mantienen dos de los grandes fabricantes de Mozartkugeln (bombones de Mozart): Fürst, que elabora los originales, contra Schatz, que fabrica los verdaderos. O viceversa.

4. París, la arquitectura del cacao

Paris. Escaparate de Patrick Roger | Carmen R. Pinos
Paris. Stiletto rouge de chocolate negro y frambuesa. Jean Paul Hevin | cdn.jeanpualhevin.com

Macarons, Paris-Brest, éclair, crêpes, tarte tatin, croissants… La repostería parisina es tan abrumadora como delicada y exquisita. Quizá los chocolates no sean lo más famoso de este dulce catálogo, pero sí te aseguramos que son espectaculares y que la competencia es tal que, en los últimos años, calidad y originalidad van de la mano y doblan la apuesta. Uno de los chocolatiers más locos y arriesgados es Patrick Roger, con sus rompedoras esculturas de chocolate –Saint Sulpice ahora está cerrado, pero hay otros muchos– y sus semiesferas de sabores, como manzana acaramelada y espinacas con cobertura de chocolate. Junto a él, Pierre Hermé –con bombones como el de praliné crujiente con maiz tostado salado, pasta de naranja y chocolate negro– y Jean-Paul Hévin, otro artista del cacao, que tan pronto firma un stiletto o una tableta con sus músculos dibujados, como se atreve con ganaches ahumadas.

5. Perugia, el dulce rincón donde aprenderlo todo

Perugia. Casa del Cioccolato | perugina.com
Perugia. Dolci feste | perugina.com

En plena Toscana italiana, el Valle del Chocolate es uno de los paisajes más dulces y conocidos del país –con una ruta establecida que recorre fábricas y comercios, y cuenta hasta con una feria anual–, pero lo que quizá no te suene tanto es la pasión por el chocolate que se vive un poco más al sur, en Perugia, la capital de la Umbría, donde te espera la Casa del Cioccolato Perugina. Esta catedral para los chocolateadictos combina un museo que muestra la historia del cacao, con una visita a la fábrica para ver su proceso en directo, talleres para aprender a elaborarlo y, por supuesto, degustación, una tienda que ofrece el resultado de este paraíso de aromas, texturas y sabores. Aquí, no falta su producto estrella: los Baci (besos), con un interior de gianduja –almendra o avellana molida, cobertura líquida y azúcar glass– y una avellana entera envuelto en chocolate negro.

Preparación del Huevo de Pascua relleno de tiramisú | Perugina

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