Las mantas de Ezcaray-Carmen-R-Pinos_El-viajero-global

La Rioja, un triángulo con mucho arte para viajeros exigentes

Te proponemos una escapada de lujo que incluye sabores con estrellas Michelin, arquitectura de vanguardia y hasta una cata de agua en La Rioja, la gran tierra del vino. En Ezcaray, la pintoresca villa riojana que vertebra el recorrido, te espera una ruta que se expresa con el arte de la lana, el de su sorprendente gastronomía y hasta el fluir de su caudal, el río Oja, que da nombre a la región. Antes, el agua que mana en Torrecilla en Cameros y se hace un hueco entre vides; y, después, la locura arquitectónica que Frank O. Ghery plantó en Elciego y con la que cambió el skyline de la provincia.

1. El agua de 22 Artesian Water (que mana en tierra de rioja)

Manantial de 22 Artesian Water | EVG
Manantial de 22 Artesian Water | EVG

Aunque el agua forma parte de nuestra cultura existen escasos estudios que exploren su importancia en una buena mesa o cómo incide su contenido de minerales, temperatura, etc. en la alta cocina. Esto es lo primero que te llamará la atención de 22 Artesian Water, el manantial artesiano –brota por su propia presión– de Torrecilla en Cameros que apuesta por colarse en el podium gastro. Con mineralización intermedia y propiedades diuréticas, el agua que sabe ofrece tres características únicas: su composición es estable, mana con idéntico caudal y siempre aporta la misma temperatura.

2. Las exclusivas mantas de Ezcaray

Mantas Ezcaray | EVG
Mantas Ezcaray | EVG

Ezcaray es un paraíso de montaña y fue la Primera Villa Turística de La Rioja. Aquí hay mucho que ver, pero una opción que te va a enamorar es la de llevarte un cálido recuerdo: una bufanda (o echarpe, bolso…) de Mantas Ezcaray, la misma que sirve a Loewe, Bimba y Lola, El Ganso… Además de ver todo el proceso artesano de hilado, cardado, etc. sabrás que el tinte se realiza con jabón y sosa, que los verdes son los más difíciles de conseguir y que las lanas más codiciadas –con las que ellos trabajan– son el cashmer –de un tipo de cabra de Mongolia– y el mohair, de Sudáfrica, pero oriundo de Turquía.

3. El río Oja y sus puentes (y su origen)

Río Oja | EVG
Puente de Canto sobre el Oja | EVG

¿Se te ocurre de dónde puede venir el nombre de rioja? En un paseo a orillas del río Oja –ahí ya tienes el dato– a su paso por Ezcaray lo entenderás. Es el cauce que nace en la sierra de la Demanda, un río en torno al cual se inician numerosas rutas de senderismo guiado, micoturismo, itinerarios botánicos y observación de aves. En un tranquilo paseo por sus riberas se pueden admirar los puentes de Canto (siglo XVI), de La India (siglo XVI) y el de la Estación (1925). El parque Tenorio, junto al cauce, es el principal escenario que acoge el Festival de Jazz de Ezcaray, que celebra la localidad el mes de julio.

4. La vibrante plaza del Conde Torremúzquiz

Quiosco de la plaza del Conde de Torremúzquiz | EVG
Bar Satorre, en la plaza del Conde de Torremúzquiz | EVG

El epicentro de la vida en Ezcaray es la plaza del Conde de Torremúzquiz, plaza del Quiosco, para los amigos, ya que tiene un quiosco central que acoge conciertos de la Orquesta Municipal y otras actividades musicales. Es el lugar de tapeo por excelencia, un espacio entrañable en el que comenzar (o terminar) el día, con una clientela que cambia por horas y bares tan recomendables como Roypa –y sus riquísimos pinchos de morcilla y oreja adobada– o el Bar Satorre, especializado en sardinas con montera, gildas y bacalao. Y todo, enmarcado con la tradicional arquitectura de montaña de la localidad.

5. Los sabores imposibles de El Portal de Echaurren

El Portal de Echaurren | EVG
El Portal de Echaurren | EVG

El Portal de Echaurren regala a tu paladar un complejo festival de sabores dirigido por Francis Paniego, que introduce en un laboratorio futurista productos de la huerta del Ebro, cultura del tapeo, casquería… La experiencia comienza con un picoteo en barra, continúa en la cocina y termina en la sala con más de 20 platos maridados con vinos de la región. Pon a punto tus papilas y céntrate en disfrutar unas falsas aceitunas negras –son esferas de queso, anchoa y pimiento–, los cucuruchos de castaña, trufa y boletus, gominolas de vino tinto o un insólito (y delicioso) postre: tendones fritos con chocolate.

6. La iglesia de Santa María la Mayor y su matachín

Iglesia de Santa María la Mayor | EVG
Iglesia de Santa María la Mayor | EVG

Declarada monumento nacional desde 1967, la iglesia de Santa María la Mayor es el templo de la villa, un grandioso edificio de mediados del siglo XV con dos portadas, cuyos dos torreones le dan aire de una fortaleza medieval. Dentro, no te pierdas el retablo del altar mayor –del siglo XVI– y el museo de la sacristía, con tallas de las iglesias del entorno. Aunque lo que más te llamará la atención es la ventana románica que incorpora un matachín: una figura mecánica barroca que, unida mediante cables al reloj de la torre, permite sincronizar las horas que marca éste con las del reloj de la villa.

7. El Ayuntamiento que fue un telar

Antigua Real Fábrica de Paños | EVG
Antigua Real Fábrica de Paños | EVG

Ezcaray tuvo un extraordinario desarrollo textil que culminó en 1752 con la creación de la Real Fábrica de Paños de Ezcaray o Real Fábrica de Tejidos de Santa Bárbara, y llegó a ser Compañía Real bajo el reinado de Carlos III. Tras incendiarse, en 1785, se construyó la Casa de TintesEl Fuerte– a base de materiales ignífugos, pero su desfase con los nuevos tiempos la llevó a desaparecer a principios del siglo XIX. En la actualidad, este edificio, declarado BIC, alberga el Ayuntamiento, el teatro y una sala de usos múltiples, así como un albergue. Todo con una cuidada estética que combina madera y piedra.

8. La onírica bodega de Marqués de Riscal

Bodegas Marqués de Riscal | EVG
Bodegas Marqués de Riscal | EVG

Una criatura maravillosa, con el pelo volando en todas direcciones, que se lanza sobre los viñedos. Así define su creador, Frank O. Gehry, este delirante diseño de Elciego, en el que planchas de titanio se ondulan con los tonos del vino: rosa y oro –tintos y blancos– y plata –la cápsula del corcho–. Además de probar los caldos de Marqués de Riscal, que abrió en 1858, puedes comer en 1860 Tradición, dirigido también por Francis Paniego –el chef suma dos estrellas Michelin en El Portal de Echaurren, otra en el restaurante Ibaya de Soldeu (Andorra) y una cuarta aquí, hasta este mismo año– y probar la vinoterapia.

La imagen que abre el texto es Mantas Ezcaray | EVG

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