Escuchar una música tan cálida en una ciudad tan fría no es una rareza. La historia de amor de Copenhague por el jazz se remonta a los años 50 y 60 del pasado siglo, cuando la capital danesa se convirtió en la meca de este género y figuras como Dexter Gordon o Ben Webster tocaban en la icónica Jazzhus Montmatre junto a estrellas locales, como Niels-Henning Ørsted Pedersen o Alex Riel.

El Festival de Jazz de Copenhague se ha consolidado como uno de los grandes eventos musicales de Europa y su homólogo invernal, el Vinterjazz, en un evento que, durante tres semanas –del 30 de enero al 28 de febrero– atrae a más de 250.000 visitantes anuales para escuchar más de 600 conciertos en 150 salas, organizados por la asociación sin ánimo de lucro Copenhaguen Jazz Festival Fonden.

Como cada año, la convocatoria conecta el jazz tradicional con nuevos géneros experimentales y crea un crisol musical que se nutre de diferentes matices. En esta edición, cuando celebra su 25 aniversario, Vinterjazz trae la música intimista de Enji (Mongolia), los ritmos folk de SOYUZ (Bielorusia), la energía arrolladora de Arsenal Mikebe (Uganda) y la delicadeza de Amanda Ginsburg (Suecia), entre otros.

Además, interesantes rarezas, como la vertiente electrónica del jazz funk de Obradović-Tixier Duo (Croacia y Francia) o cómo hacer punk que suene a jazz con solo batería, flauta y arpa, a cargo del trío femenino NOUT (Francia). Como cada año, los conciertos de Vinterjazz son gratuitos y de pago –desde 20 €– y se complementan con espacios inclusivos, residencias artísticas y conciertos infantiles.
La imagen que abre el texto es Obradović-Tixier Duo | Vinterjazz

