Cría segundo año. Víctor García

Del oso, hasta los andares

Afortunadamente, los tiempos en que el oso era una alimaña salvaje y los cazadores que lo mataban unos héroes que salvaban la vida de la comunidad, son ya historia. Ahora, la comunidad son los paisajes en los que coexisten humanos y osos, donde cada uno respeta el espacio del otro y entiende la necesidad de cuidar y proteger esta especie que, en algún momento, estuvo a punto de desaparecer. Ahora el oso es la gran estrella de la zona, atrae a miles de turistas al año, contribuye a la economía local y desarrolla empresas turísticas que apoyan la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente. Unas nuevas reglas del juego con las que todos salen ganando.

1. Para comerte mejor

La gastronomía es uno de los ámbitos donde más ha calado el efecto oso pardo, con productos tan interesantes como sabrosos. Uno de ellos, Agua de Somiedo –pura, equilibrada y de débil mineralización–, brota de forma natural y se embotella desde el manantial Fuente del Oso sin ninguna manipulación. El compromiso por la sostenibilidad se extiende también al envase, que evita el plástico y utiliza cartón de origen vegetal, tapón incluido. Para los más golosos, la Panadería Artesana Manín –en Cangas del Narcea–, lleva más de seis años uniendo sabor y originalidad en Huellas del Narcea, unas galletas a base de mantequilla y chocolate, con huellas de oso incorporadas. Y riquísimas.

2. Una feliz convivencia

La integración del oso pardo en el día a día de la zona es total. Su huella monopoliza cualquier objeto en las tiendas de recuerdos –llaveros, imanes, tazas, bolígrafos…– y su silueta, a modo de bandera, es la seña de identidad favorita a la hora de decorar una antena parabólica o de escoger la imagen de un logotipo. Pero, ¿qué otra cosa iban a elegir espacios como el Bar Tiblos, en Veigas, donde puedes ver un oso al otro lado de la carretera mientras te comes un buen potaje de berzas?

Sin embargo, la relación humanos/ osos no siempre ha sido tan idílica. Por eso es fundamental la labor de organizaciones como la FOP (Fundación Oso Pardo), que lleva 30 años trabajando y elaborando proyectos –replantar especies que sirven de alimento al oso, informar a ganaderos y agricultores, promover actividades infantiles, fomentar la educación ambiental…– con los que prevenir conflictos y normalizar la coexistencia entre la vida cotidiana y una población salvaje de osos. Junto a ellos, ONG’s como TENT (The European Nature Trust, con Paul Lister, un apasionado conservacionista al frente), se vuelcan en proteger las áreas silvestres europeas en riesgo, como el hábitat del oso pardo.

3. En la Casa del Oso de Somiedo

Mitad centro de interpretación mitad espacio de acercamiento, la Casa del Oso de Somiedo (Tel. 985 763 406) es una visita imprescindible para saberlo todo sobre este animal. Promovido por la FOP, aquí te explicarán cómo ha cambiado su relación con el ser humano a lo largo de los años, desde su mera representación en las pinturas rupestres –los huesos encontrados en cuevas dan fe– hasta las monterías que organizaban los aristócratas en la Edad Media para darle caza o las recompensas que se pagaban en los siglos XVI y XVII a quien matara un oso, un dinero al que había que añadir el de la venta de la piel, de la grasa –normalmente a boticarios– y de los oseznos, que se vendían a gitanos centroeuropeos a buen precio. Todo un negocio redondo.

Aquí puedes ver cepos y artilugios de caza, documentos históricos, y una serie de vídeos y paneles explicativos que muestran el punto de inflexión que supuso la declaración de Somiedo como Parque Natural, en 1988. En este momento se avaló de forma institucional algo que los habitantes de Somiedo venían practicando desde hacía años: la necesidad de coexistir con el oso, de promover su conservación y de dejar de verle como un enemigo y aprender otro tipo de convivencia.

4. Normas del buen avistador

Los valles occidentales de Asturias concentran la mayor población de oso pardo de España y verlos en total libertad es relativamente fácil, sobre todo si te acompañas de empresas especializadas, como Wild Spain Travel o Trabau Ecoturismo. Una vez elegida la zona de avistamiento, el primer consejo siempre es que no limites tus expectativas a ver un oso: aquí las normas las marca el animal, que saldrá cuando busque comida, refugio, una hembra o simplemente, cuando quiera. Además, el paisaje es tan apasionante y las rutas que puedes realizar tan numerosas que no te defraudarán. En cualquier caso, tanto si vas con guías especializados como si realizas un avistamiento por tu cuenta, respeta las normas, planifica el recorrido con anterioridad, realízalo de día y no vayas solo. Además, no dejes restos de comida –el oso u otros animales salvajes pueden relacionar la presencia humana con zonas de alimentación, lo que supone un riesgo– y recuerda que hay zonas protegidas en las que no puedes abandonar el camino.

5. Encuentro con un oso: manual de uso

Los osos rehúyen al ser humano y, aunque cada vez se acercan más a núcleos urbanos en busca de comida, no es probable que te encuentres con uno a menos de 5 m, pero sí posible. ¿Qué hacer si nos encontramos cara a cara con un oso? Lo más importante, mantener la calma. En una carretera, reduce la velocidad o incluso para y enciende las luces de emergencia; espera hasta que el animal se interne en el bosque y, desde luego no intentes seguirlo. En caso de que vayas caminando, si no se ha dado cuenta de tu presencia, retírate discretamente y en silencio. Si se ha percatado, hazte notar sin perderle de vista, hablando alto y con firmeza pero sin realizar aspavientos ni movimientos bruscos. Presta especial atención a si el oso está comiendo o si va acompañado de crías, dos situaciones en las que se incrementa el riesgo, ya que el animal intentará defenderlas. Aunque resulte una imagen amenazante, los expertos aseguran que, si se alza sobre sus patas traseras, lo hace para detectar mejor la situación –la vista no es su punto fuerte– y un último consejo: si llegara el caso de que un oso estuviera a nuestro lado, debemos tumbarnos en posición fetal y cubrirnos la nuca y la cabeza.

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