Los paseos por Copacabana, la garota de Ipanema, las tardes de samba, el carnaval con mayúsculas, el fútbol más pasional, el Cristo Redentor, la caipirinha… Río de Janeiro es esto y mucho más. La segunda ciudad de Brasil, después de São Paulo, es también la Cidade Maravilhosa (Ciudad Maravillosa), una urbe declarada Patrimonio Mundial por la Unesco que convive entre la sombra de peligrosidad y unos cuantos iconos universales. Este año, además, la capital carioca refuerza la oferta con su designación como Capital Mundial del Libro 2025 y lo celebra con multitud de actos relacionados con la lectura.
1. Asistir a una ‘roda de samba’ en Pedra do Sal

Cada lunes, el samba –aquí se dice en masculino–, el estilo musical que empezó a circular en los barrios de Río de Janeiro tras la abolición de la esclavitud, convoca a los vecinos y turistas del Morro da Conceiçao o Pedra do Sal a encender los altavoces y cantar y bailar alrededor de la mesa. Es la roda de samba (rueda de samba), una manifestación espontánea y participativa donde los numerosos grafitis recuerdan el pasado quilombo (de origen africano) de estos barrios del norte de la ciudad.
2. Leer, leer y leer en, por ejemplo, el Real Gabinete Português de Leitura

Si te gusta el exterior del Real Gabinete Português de Leitura –una exuberante fachada neomanuelina inspirada en el Monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa–, espera a ver el interior de esta biblioteca fundada en 1837 por un grupo de inmigrantes portugueses: una espectacular invitación a la lectura. Este año, la visita es más que obligada, ya que Río de Janeiro ha sido designada por la Unesco Capital Mundial del Libro 2025 –la primera en lengua lusa–, con un derroche de actividades lectoras.
3. Admirar el Niemeyer más popular en el Sambódromo

Imposible venir a Brasil y no explorar la ruta de uno de sus arquitectos más queridos y universales: Oscar Niemeyer –en España tenemos una de sus locuras de diseño en Avilés–. Aunque Río no concentra el grueso de su obra –hay más en Niterói, al otro lado de la bahía de Guanabara–, sí puedes visitar un espacio icónico como la Passarela Professor Darcy Ribeiro –el Sambódromo da Marquês de Sapucaí para los amigos– que, desde 1984, acoge los desfiles de las escuelas de samba en el Carnaval.
4. Subir la escalera de Selaron y degustar una capipirinha en el barrio de Lapa

Más de 2.000 azulejos provenientes de unos 70 países de todo el mundo forman los 215 peldaños de la Escalera de Selarón, el nombre del artista chileno que hizo esta obra en agradecimiento a la ciudad que le había acogido y que él mismo llamaba A grande locura. La escalera, que une Lapa y el convento de Santa Teresa, es uno de los puntos más instagrameables del barrio. Junto a él, los Arcos de Lapa y locales como Bar da Cachaça, el templo donde saborear esta mítica bebida, base de la caipirinha.
5. Recorrer el barrio de Santa Teresa montado en un tranvía amarillo

¿Sabías que el primer tranvía eléctrico de Sudamérica se inauguró en Río de Janeiro? Hijo de esta tradición nació el bondinho (tranvía) de Santa Teresa que, desde 1896, conecta este popular barrio con el centro de la ciudad. En la actualidad, este convoy amarillo es uno de los reclamos turísticos de esta zona de antiguas casonas, un barrio atravesado por el Largo de Guimarães donde la bohemia y los cafés de autor se mezclan con restaurantes típicos donde saborear una buena feijoada con naranja.
6. Subir el cerro Corcovado para ver el Cristo Redentor

Si hay una imagen en nuestro imaginario colectivo asociada a Río de Janeiro esa es la del Cristo Redentor, la gigantesca escultura art decó de 30 metros y 1.200 toneladas que corona el Cerro de Corcovado. Los brazos abiertos de la estatua –una de las Siete Maravillas del Mundo– son visibles desde cualquier punto de la ciudad, pero también puedes llegar a sus pies en tren –muy recomendable, ya que atraviesa la Foresta da Tijuca– y subir la plataforma con los ascensores y escaleras mecánicas.
7. Tomar un aperitivo en el Palacio del Parque Lage

Es Patrimonio Histórico Cultural desde 1957 y un bellísimo oasis donde escapar del ajetreo urbano pero, sobre todo, el Parque Lage es uno de los favoritos de los cariocas para escapar del estrés. Pegado a la Foresta de Tijuca y de la entrada al sendero del Corcovado, entre sus lagos y sus amplios espacios verdes encontrarás un edificio del siglo XIX que ahora alberga la Escuela de Artes Visuales y el Bistrô Plage, un sitio muy de moda –y muy fotografiado– donde tomar un brunch junto a la piscina.
8. Asistir a un partido de voley en Copacabana y al mercadillo hippy en Ipanema

Aunque sea un cliché y estén masificadas, ni tú mismo creerás que has estado en Río si no te dejas caer por Copacabana e Ipanema, sus dos playas más icónicas. Extensa y animada, la primera, y con aguas más limpias y aire sofisticado y hippy, la segunda, ambas están llenas de cuerpos esculturales, bikinis mínimos y gente jugando al futvoley. Si presencias un partido saboreando el mate frío y las galletas Globo –con almidón de mandioca– que ofrecen los vendedores, te convertirás en un auténtico carioca.
9. Esperar el atardecer desde lo alto de Pan de Azúcar

Subir a Pão de Açúcar es un espectáculo tras otro, tanto por la travesía en bondinho –también se llama así al teleférico, que para antes en el morro de Urca–, como por las impresionantes vistas que regalan ambos miradores, con la Ensenada de Botafogo, Copacabana y la Bahía de Guanabara a tus pies. Si buscas añadir algún ingrediente, la puesta de sol y las luces de la ciudad cuando llega la noche son brutales. Por no contar con la música en vivo y de DJ’s que ofrecen allí mismo en bares y restaurantes.
La imagen que abre el texto es Copacabana futvoley | Visit Brasil

