Más de 300 tiendas distribuidas a lo largo de unos 2,5 kilómetros convierten a Oxford Street en uno de los grandes paraísos de las compras. Es la avenida comercial más concurrida de Europa, un espacio que se extiende desde Marble Arch –junto a Hyde Park– hasta la intersección con Tottenham Court Road y que, desde el pasado lunes 26 de octubre, estrena el cierre al tráfico de 1 kilómetro de su recorrido para convertirlo en peatonal.


Esta peatonalización es solo el primer tramo de un proyecto más ambicioso que pretende reservar la avenida en exclusiva a los 120 millones de personas que la transitan cada año. Es también un empeño personal del alcalde de Londres, Sadiq Khan, un proyecto de 178 millones de euros que pretende recuperar la vitalidad que perdió esta vía tras la pandemia, convertirla en un espacio seguro y un destino en sí mismo y, por supuesto, multiplicar las ventas.


Aunque el punto fuerte de Oxford Street son las compras, esta vía ofrece también un plus histórico, tanto por sus orígenes –en el siglo XVIII era conocida como Tyburn Road, el camino que recorrían los prisioneros hasta las horcas de Marble Arch–, como por albergar tiendas tan legendarias como Selfridges, John Lewis y Marks & Spencer, y un espectacular cruce diagonal en el cruce con Regent Street al estilo de Shibuya en Tokio.


El cierre de este tramo, entre Orchard Street y Great Portland Street, coincide con el encendido de las luces navideñas, un espectáculo que comienza a mediados de noviembre desde 1959. Por primera vez, Oxford Street permitirá unas compras navideñas libres de vehículos –incluidos los icónicos autobuses rojos y taxis negros– y, a finales de la próxima primavera, contará con asientos, mesas de comedor, dos plazas y muchos árboles.
La imagen que abre el texto es Pedestrianisation | oxfordstreet.co.uk

