Al sur de la provincia de Córdoba, en el corazón andaluz, se extiende un ramillete de localidades que forman la Ruta del Vino Montilla-Moriles. Son 17 municipios que comparten excelente gastronomía, hermosos paisajes, tesoros artísticos y, por supuesto, algunos de los caldos más reconocidos del mundo. Tomamos la capital cordobesa como centro de operaciones –y de alguna que otra interesante visita– y trazamos un recorrido personal por tres de nuestros enclaves favoritos: Montilla, Aguilar de la Frontera y Lucena.
1. Un paseo arqueológico por la capital cordobesa

Para situarnos en el tiempo, comenzamos la ruta en el Museo Arqueológico de Córdoba, con entrada gratuita para ciudadanos de la Unión Europea. Este interesante espacio está instalado en el Palacio Renacentista de los Páez de Castillejo y posee colecciones de buena parte de la historia de la ciudad, desde la Prehistoria hasta la época medieval y el periodo islámico.

Y seguimos por la Plaza de la Corredera, en el centro de la capital cordobesa, la única plaza mayor cuadrangular de toda Andalucía. Aquí ha habido de todo, desde corridas de toros hasta juegos o abastos. En la actualidad, conserva el Mercado de Sánchez Peña y las Casas de Doña Ana Jacinta, además de un buen número de bares y tascas donde puedes tapear.
2. La vida secreta de la cocina de las clarisas

Sigue la ruta hacia el sur. A 45 km de Córdoba capital llegarás a La Rambla, una pequeña localidad famosa por su producción cerámica a nivel nacional. Especialistas en trabajar el barro blanco, estos artesanos apostaron por unirse a la tradición vinícola envasando el vino en tinajas. Desde aquí, siguiendo por la N-331 y cruzando la A-45, la vía que vertebra esta ruta, sólo te separan 15 km de Montilla, cuna del vino.

El arte es la otra gran oferta de Montilla y su máxima expresión, el Monasterio de Santa Clara, una de las iglesias barrocas más bonitas de la provincia de Córdoba. El templo, gestionado por las clarisas-franciscanas, fue levantado en 1525 y conserva una colección de niños Jesús que guardan celosamente las 15 monjas de clausura que viven en la iglesia. Disfruta de una relajante charla con ellas y aprovecha para degustar los dulces que venden cada miércoles, en especial las galletas de nata y las yemas de Montilla.
3. La vendimia que llega en agosto

Esta ciudad, especialista en sacar el mejor partido de olivos y uvas, es una de las despensas de aceite del mundo. En la antigua Roma, Séneca ya se abastecía de estos ricos productos y siglos después, en 1729, Diego de Alvear fundó la empresa que lleva su nombre. Esta bodega, la tercera más antigua de España –después de Codorníu y Chivite– ocupa 8 hectáreas en pleno centro de Montilla. Utiliza la variedad Pedro Ximénez, una uva blanca y muy dulce, para ofrecer cinco vinos diferentes: joven, fino, amontillado, oloroso y Pedro Ximénez.

A diferencia de la localidad gaditana de Jerez, que elabora su vino con uvas palomino, Montilla utiliza las Pedro Ximénez con un proceso medido en el que se vendimia en agosto y se dejan las uvas al sol, hasta que se convierten en pasas y entran en barrica para envejecer. Todo esto puedes verlo en las visitas que organizan las Bodegas Alvear, desde 18 €, con cata de tres vinos.
4. Una plaza de ocho caras

La curiosa plaza octogonal de Aguilar de la Frontera es el gran atractivo de esta ciudad, situada a 12 km de Montilla, por la N-331. El mercado de abastos se trasladó a este espacio –con dinero del Duque de Medinaceli y los propios inquilinos–, que tuvo este uso hasta 1966. En la actualidad, alberga el Ayuntamiento y mantiene su curiosa fisonomía: con todos los dinteles diferentes y dejando una parte con tres pisos y otra con dos para sortear el desnivel del terreno.

De hecho, muchos vecinos que viven en la plaza de San José acceden a su vivienda por la ventana para mantener la línea. El cierre con arcos también fue una novedad en la época ya que introducía un concepto barroco del urbanismo al presentar la plaza como un espacio de uso público. Cerca, no olvides visitar la iglesia del Carmen.
5. La sorpresa que esconde el convento

Admira también los penachos y pináculos que rematan la Torre del Reloj, la más importante muestra de arquitectura civil de la localidad. Fue construida en 1770 por Gutiérrez de Salamanca bajo el reinado de Carlos III no sólo para dar las horas, sino como símbolo del poder económico que tenía la localidad gracias al olivo. La Torre del Reloj de Aguilar de la Frontera copia el esquema octogonal de la Plaza de San José, en la misma localidad.

Su factura es una joya del barroco andaluz, pero reserva espacio para la sorpresa a la hora de ver el convento de San José y San Roque. Por fuera, la construcción es una más de las seis iglesias de la localidad; pero, por dentro, te llamará la atención la riqueza decorativa con yeserías doradas y retablos.
6. Un castillo con vistas

Pasea también ante las magistrales puertas de las casas señoriales –impresionante la de las Cadenas– y coge fuerzas para salvar los desniveles de la localidad y subir al Castillo. De camino, verás la iglesia de Santa María del Soterraño, la más antigua de Aguilar, levantada en 1530 con estilo gótico-mudéjar.

El Castillo está formado por dos construcciones: el fuerte del siglo XIII y el de Alfonso de Aguilar, con una altísima torre del homenaje como elemento disuasorio y la campiña y el río Cabra a tus pies. Bajo esta parte medieval no se han hallado restos romanos significativos, pero sí un muro de la Edad de Bronce.
7. De las bodegas a la casa del pato malvasía

Si quieres ahondar en la literatura relacionada con la enología, date una vuelta por las Bodegas Toro Albalá, en Aguilar de la Frontera. En este espacio, fundado en 1844 por Antonio Sánchez Prieto en una vieja central eléctrica, encontrarás una de las mayores bibliotecas vinícolas de toda España. Además, cuenta con dos museos: uno de artes populares y arqueología y otro de objetos y maquinaria relacionada con el vino.

El pato malvasía, con su inconfundible pico azul, es el protagonista absoluto de la laguna de Zóñar, un espacio situado a 4 km al suroeste de Aguilar de la Frontera. Se trata del único lago natural de Andalucía y muestra la vida de este ecosistema –donde también viven somormujos, culebras viperinas…– en un completísimo Centro de Visitantes. También puedes recorrer el sendero La Carrizosa: 45 minutos de suave e instructiva caminata.
8. Aquí estuvo encerrado Boabdil

Si te ha impresionado tanta belleza, espera a llegar a Lucena –a 24 km de Aguilar, por la A-45–, la gran joya medieval de la zona. La fama de esta localidad surgió principalmente por la comunidad hebrea, tan importante y numerosa que Lucena era conocida como la Perla de Sefarad. Puedes pasear por este pasado en el Castillo del Moral, la impresionante construcción en la que estuvo preso el mismísimo Boabdil y que, en la actualidad, alberga el Museo Municipal Arqueológico y Etnológico de Lucena y sus 10 completísimas salas.

Aquí tienes también la Oficina de Turismo (de martes a domingo) y una panorámica desde donde ver la iglesia de San Mateo, la Plaza Nueva, el Palacio de los Condes de Santa Ana… Aprovecha también para hacerte un selfie con la imponente silla que encontrarás en la carretera, un homenaje tamaño XXL a la industria de la madera que impera en la zona.
9. La verdadera historia del ‘pilycrim’

¿Ya has probado el pilycrim? Es uno de los productos estrella de las Bodegas Moriles 47, la antigua Bodega Aragón y Compañía, de Lucena. Su nombre –patentado como marca– viene de la pronunciación andaluza del término inglés Pale Cream, un fino fresco y dulcificado típico de los aperitivos y de la Feria, ya que se usa para elaborar los rebujitos. Junto a este producto, pensado para el público joven, las bodegas cuentan con otros más exclusivos, como Viejísimo Boabdil, un amontillado de su gama vinos míticos.

A diferencia de la crianza oxidativa –en la que se aumenta el grado de alcohol de forma artificial– la biológica da lugar a unas formaciones blanquecinas en su superficie con la forma de una flor. Estas flores aumentan y forman un velo que cubre el líquido en contacto con el aire. El vino envejecido con este sistema adquiere un delicioso sabor que recuerda a las levaduras.
10. Un santuario por encima de todo


A 6 km de Lucena, en la sierra de Aras, encontrarás este espacio dedicado a la patrona de la localidad y el Campo Andaluz: el Real Santuario de María Santísima de Araceli. La ermita cuenta con mármol rojo, beis y negro de la Sierra de Cabra y una bóveda típica del barroco lucentino, con los fondos pintados de teja y azulín y gran profusión de motivos ornamentales. Con todo, lo mejor son sus vistas sobre cinco provincias andaluzas: Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Sevilla.
11. La sabrosa gastronomía cordobesa

La gastronomía de Lucena es variada y sabrosa, con sabores de su pasado andalusí. Además del riquísimo salmorejo, no te olvides de probar las albóndigas de boquerones, naranjas picás con bacalao y bolos lucentinos, una elaborada receta con cerdo, pollo y ternera. De postre, sopaipas –hojaldre con vinagre– y gachas de cuscurrones, con canela y miel.

De vuelta a Córdoba capital puedes saborear estas y otras delicias en rincones como el Restaurante Puerta Sevilla, un espacio decorado a modo de patio cordobés que abre de lunes a domingo. Este céntrico establecimiento es un lugar idóneo donde saborear rabo de toro, berenjenas fritas o mazamorra cordobesa, una especie de ajoblanco previo a la llegada del tomate.
La imagen que abre el texto es Monasterio de San José y San Roque, en Aguilar de la Frontera | EVG

