Reposada, tolerante –es una de las ciudades españolas en la que convivieron, con más o menos acierto, las tres religiones– y refinada, la historia juega a su favor en Girona. Además, su pasión por la estética te regala un buen número de joyas arquitectónicas –desde medievales hasta modernistas– que visitar en su núcleo urbano, una oferta única (y sin masificar) que han puesto de moda iconos tan dispares como los hermanos Roca y Juego de Tronos.
1. Una abadía muy mediática y una leona que asegura tu regreso


La primera parada de nuestra ruta ya te va a sonar porque el Monasterio de Sant Pere de Galligants es uno de los decorados estrella de Juego de Tronos. Se trata de una pequeña abadía benedictina de estilo románico junto al Galligants –uno de los cuatro cauces que atraviesan la ciudad– y que es sede del Museo de Arqueología de Cataluña. Si quieres volver, es imprescindible acercarte a Cul de la Lleona: besar el culo (literalmente) a esta escultura del siglo XII asegura tu regreso a la ciudad.
2. Una iglesia legendaria y los secretos del ‘Barri Vell’


Estás en la plaza de Sant Feliu y por fin vas a ver la construcción que, junto a la Catedral, asoma en el skyline. Es una torre campanario truncada que mezcla románico, gótico y barroco y pertenece a la iglesia de Sant Feliu, una basílica que fue catedral de Girona hasta el siglo X y que conserva sarcófagos paleocristianos y romanos. De lleno en pleno Barri Vell (Barrio Viejo), se impone callejear y descubrir joyas como el Portal de Sobreportes, con su hornacina y sus hermosas pinturas, que pertenece a la muralla.
3. La Catedral versus el ‘Gran Septo de Baelor’


Y por fin, la Catedral de Girona. Su escalinata barroca es impresionante, con 90 escalones que desembocan en la fachada principal, también barroca y que aparecieron en Juego de Tronos. Dentro, una obra maestra de la arquitectura con la nave gótica más ancha del mundo –de 23 metros– y la segunda de cualquier estilo, solo superada por la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Empápate de su grandiosidad y no te pierdas el Tapiz de la Creación –del siglo XI– y el Beato de Girona –del 975–, ilustrado por la monja Ende.


En el lado opuesto, no te pierdas la Porta dels Apostols –en la plaza del mismo nombre–, además del claustro y la torre románicos, del siglo XII. Esta última está coronada por la figura de un ángel que en realidad representa la Fe y que a veces se confunde con la veleta en forma de ángel tocando una trompeta sobre el edificio de las Misioneras del Corazón de María. Sigue por el Carrer de la Força hasta alcanzar la Pujada de la Catedral, la cuesta que la conecta con el Call Jueu (barrio judío), uno de los mejor conservados de Europa.
4. Un paréntesis de relax e historia


Si el cuerpo te pide verde, en la parte alta de Call Jueu y detrás del ábside de la Catedral, en pleno Barri Vell, los Jardines de la Francesa son un pequeño y tranquilo refugio al margen de visitantes. Su última propietaria –una escritora francesa– le dio el nombre a este espacio, que ofrece una preciosa perspectiva del campanario románico de la Catedral y que se encuentra sobre otro punto punto increíble de la ciudad: el Carrer del Bisbe Josep Cartañà. Como era de esperar, ambos formaron también parte de la mediática Juego de Tronos.
5. Una ruta con vistas por el Paseo de la Muralla


Para verlo todo desde otra perspectiva y hacerte una idea de cómo era la Girona medieval, se impone caminar por el Paseo de la Muralla. Se trata de un recorrido peatonal de unos 3 kilómetros que bordea el sector oriental del Barri Vell sobre las antiguas murallas de la ciudad y que ofrece vistas de lujo de la Catedral, el Call Jueu y el casco antiguo. La ruta es gratuita y accesible –aunque con tramos de escalera–, cuenta con varios puntos de entrada y salida e incluye torres medievales y carolingias del siglo IX que funcionan como miradores.
6. Los dominicos y los universitarios del siglo XXI


Hoy es una de las sedes principales de la Universidad de Girona –está previsto que albergue la Facultad de Letras y la de Turismo– y está declarado Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico, pero el Convento de Sant Domènec lleva desde 1253 dando guerra. Lo encontrarás en la parte más alta del casco antiguo, con su espléndido –y muy bien conservado– claustro gótico, la iglesia dedicada a la Anunciación y la subida (Pujada de Sant Domènec), con su icónica escalinata que también apareció en Juego de Tronos.
7. De los sabores golosos a una plaza para ser vivida


Cruza el río Onyar por el Pont de Sant Agustí para alcanzar la Plaça de la Independència, el gran corazón de la ciudad. Se trata de un rectángulo porticado situado en el barrio del Mercadal y de arquitectura neoclásica. Es un sitio clásico para comer o picar algo aunque, si buscas algo dulce, el consejo es cruzar de nuevo el Onyar hasta entrar en el Carrer de Argenteria. Aquí te espera Torrons i Gelats V. Candela, un comercio legendario y artesanal con helados y horchata en verano y turrones en invierno.
8. La gran imagen multicolor que grabarás en tu memoria


Sobre el cauce del río Oñar, conectando el Barri Vell y el barrio del Mercadal, las Casas del Oñar son un grupo de edificios de colores que se ha convertido en emblema de la ciudad. Situados en el tramo comprendido entre la Rambla y la calle Argenteria se construyeron pegados a la antiguo muralla, pero su fama es mucho más reciente, concretamente, en los años 80, cuando dos pintores –Enric Ansesa y Jaume Faixó– realizaron una restauración cromática en tonos amarillos, naranjas, sienas y rosados de estos diferentes volúmenes.


Conectando las casas con el otro lado del río –donde, por cierto, encontrarás Rocambolesc, la fantástica heladería comandada por Jordi Roca– está la gran estrella de Girona y el espacio que protagoniza llaveros e imanes de nevera: el Pont de les Peixateries Velles. Sus barras de intenso color rojo te recordarán algo pero, si te decimos que también se le conoce como el Puente Eiffel, ya no tendrás duda de que este ingeniero parisino estuvo detrás de su construcción, que se eleva sobre las aguas del Oñar a 7 metros de altura.
9. Una iglesia que nació en la posguerra junto a la historia del cine


En este lado del río, en el barrio del Mercadal, dejamos de lado la historia y nos adentramos en una cuadrícula pegada a la cultura y la vida más reciente. Comenzamos por la Parroquia de Santa Susanna del Mercadal, una iglesia construida de forma altruista por los propios vecinos en 1945, tras su total destrucción en la Guerra Civil. Un poco más adelante, el Museu del Cine-Colección Tomàs Mallol es el primero en España dedicado al séptimo arte y todo un referente europeo que repasa 500 años de la historia de la imagen.
10. El sueño modernista que terminó en el novecentismo


Hacia el sureste, lejos del grueso monumental y de las visitas turística, te espera una sorpresa básica para entender el ADN de Girona. Hablamos de la arquitectura novecentista y de su principal representante, Rafael Masó i Valentí. Admirador de Gaudí y discípulo de Domènech i Montaner, Masó dejó obras bellísimas y fundamentales que transitan entre el modernismo y el novecentismo, como la Farinera Teixidor –una fábrica de harinas que hoy es casa museo– o la La Punxa, un bloque de pisos de alquiler para los trabajadores de la harinera.
La imagen que abre el texto es Pont de les Peixateries Velles | EVG

