Es el gran ombligo de toda la zona y una ciudad tocada por los dioses en la que en muy poco tiempo puedes pasar de estar en medio del Parque Nacional Ría Formosa, viendo flamencos sobre islotes de arena blanca, a pasear por sus cosmopolitas calles llenas de historia. A pesar de ser la capital del Algarve, Faro ha conseguido mantenerse al margen del turismo masivo. De día, la laguna que la separa de las playas hace que los viajeros lleguen al puerto deportivo o contraten una de las lanchas que llevan a la isla de Barreta o a la de Culatra. De noche, el ambiente está asegurado por el carácter universitario de la ciudad.
El paisaje semisalvaje de Ilha Deserta


Abre bien los ojos porque esta es la primera parada de nuestra ruta: se llama Ilha Deserta y, fiel a su nombre, no hay absolutamente nada, excepto una única construcción, el restaurante Estaminé que funciona de forma sostenible y ofrece cocina típica modernizada y buena música. Se llega en lancha rápida, catamarán o taxi acuático, que zarpa de Cais de Porta Nova, uno de los puertos de Faro; puedes elegir entre numerosas empresas como Mar Taxi Faro –que también te llevan a Ilha do Farol o Ilha da Culatra–, desde 10 €/ persona.


Te encantará pasear por esta playa deshabitada de arena blanca, darte un chapuzón y disfrutar sus 10 km de silencio. Otra opción es recorrer la ría en un catamarán. En Estaminé organizan rutas (desde 30 €) dirigidas por guías biólogos marinos que te llevan por este Parque Natural, una de las siete maravillas portuguesas, y serpentean por canales en busca de los cientos de aves que anidan en este miniparaíso.
La extraordinaria oferta de la capital


Un paseo por Vila Adentro, el casco antiguo, te mostrará restos de las tres culturas que aquí convivieron de forma más o menos ordenada, cuando Alfonso III dispuso que los cristianos y la judería podían estar dentro del recinto amurallado pero la morería debía permanecer fuera. Te encantará callejear junto a las murallas y atravesar el Arco do Repouso –con reminiscencias árabes–, que conmemora el lugar donde Alfonso IV se detuvo para descansar tras la toma de la ciudad.


Entre callejuelas y tiendas de artesanía de azulejos llegarás a la Plaza de Alfonso III, con el pintoresco trenecito turístico y la estatua de este rey mirando al que muchos consideran el edificio más valioso de Faro. Es el convento de Nossa Senhora da Assunção, una construcción renacentista con iglesia manuelina del siglo XVI que alberga el Museo Municipal de Faro (2 €), el segundo que se creó en el Algarve.


Admira sus colecciones arqueológicas –destaca el Mosaico del Océano, del siglo III– y los objetos medievales, telas, armas… Pero, sobre todo, no te pierdas un recorrido por el claustro: las gárgolas que lo rodean representan todos los estados del embarazo, de la gestación al parto, y eran una advertencia a las monjas de clausura de lo que les podía pasar si hacían lo que no debían.


Visita también la impresionante Sé (catedral), encargada en 1251 tras la expulsión morisca. Aquí verás reflejada gran parte de la propia historia de la villa, que sufrió saqueos por parte de los ingleses y continuos terremotos. La catedral está inacabada y mezcla diferentes estilos, pero alberga un interesante museo catedralicio, un valioso retablo renacentista y un órgano rojo de madera pintado con motivos chinescos.


La entrada (3 €) incluye la visita al Osario: un antiguo cementerio con un impactante altar del siglo XVIII construido por completo con huesos y calaveras humanas. La guinda de este goloso pastel es la subida al campanario: las vistas del Palacio Episcopal –con uno de los revestimientos de azulejos más valiosos del país–, el edificio neoclásico del Ayuntamiento y del parque Natural Ría Formosa son un regalo para los sentidos.


Exposiciones, talleres, tienda gourmet… En Tertúlia Algarvia encontrarás casi de todo en torno a las diferentes expresiones culturales del Algarve, pero su producto estrella son las aulas de cocina para aprender a cocinar (y a comer) una cataplana, el sabroso plato típico de la zona que cocina al vapor pescados, mariscos y verduras en dos piezas cóncavas que se cierran herméticamente con una bisagra.


El taller Da cozinha à mesa (De la cocina a la mesa) incluye una charla sobre esta forma de elaborar los productos, los ingredientes –la clásica lleva pulpo y patatas de Aljezur–, un certificado, comida con bebidas y un libro de recetas. Además, puedes completarlo con una visita al mercado para comprar todo lo necesario, acompañado por el mismísimo chef. Desde 115 €.
La vida en un palacio rococó


Seguimos en el término de Faro pero abandonamos la ciudad y nos dirigimos al interior. Unos 9 km al norte llegarás a las ruinas de Milreu, unos restos romanos del siglo I d. C. destinados a baños y de los que se conservan un vestuario con hornacinas, bancos para masajes y una piscina con un mosaico de peces, entre otros elementos.


A su lado, otra pequeña sorpresa: Estoi, una pintoresca localidad capitaneada por la iglesia Matriz de Estoi, un templo del siglo XV reconstruido tras el terremoto del 1755 cuyos altares reciclan antigua madera de barcos y de útiles agrarios. Con todo, lo mejor de este enclave es su genuino sabor tradicional, un ritmo pausado y auténtico que se ha mantenido libre del turismo de masas y que cuesta encontrar en otros punto de la zona.


La joya de la corona es el Palacio de Estoi, un edificio neorrococó pintado en un delicado todo rosa que, según los expertos, es el mejor ejemplo de romanticismo del Algarve. Calificado como Edificio de Interés Público (y visitable), hoy es un hotel de lujo dentro de la red de Pousadas de Portugal, con jardines de inspiración versallesca, palmeras, fuentes, estatuas y unas vistas mágicas sobre todo el Algarve.
La imagen que abre el texto es Vistas de parque Natural Ría Formosa desde el campanario de la Sé | EVG

