Libre ya de la condena de ser un destino de invierno, exclusivamente administrativo y carísimo, Zúrich es una ciudad que levanta pasiones. Desenfadada y con un punto canalla que enamora, te gustará su talante (casi) latino, sus terracitas, su espontaneidad, su arte callejero y una vibrante fusión de culturas que conviven sin demasiado problema. No tiene mar, pero los Alpes, sus ríos y su lago –uno de los Big Five en lo que a lagos se refiere– la convierten en un destino refrescante que sabe sacar provecho de unos decorados de lujo. Zúrich, 7 rincones muy top para combatir el calor es nuestra particular ruta por espacios únicos de la ciudad, la mayoría de ellos gratuitos y todos muy especiales.
1. El lago y un paseo hasta lo último de Le Corbusier


Le Corbusier, uno de los padres de la arquitectura moderna y uno de los arquitectos más famosos de Suiza –con permiso de Herzog y De Meuron, que firman, entre otros, el edificio CaixaForum de Madrid–, diseñó su última construcción en la ribera izquierda del lago de Zúrich. Es el Pavillon Le Corbusier, un colorido edificio de vidrio y acero diseñado según el sistema Modulor –la escala ideada por el propio artista– que aglutina su propuesta globalizadora de la arquitectura. Su visita –hasta noviembre, 12,50 €– es un refrescante paréntesis en medio de un paseo junto al lago.
2. Schanzengraben, la gran avenida acuática


No aparece en las guías ni tiene un alto valor patrimonial, pero recorrer Schanzengraben –un idílico paseo que conecta Hauptbahnhof, la estación central de tren, con el lago de Zúrich– es una bucólica propuesta para fundirte con los zuriqueses. Situado entre el río Limmat y el Sihl, este viejo canal forma parte de una estructura defensiva que se construyó en el siglo XVII. En la actualidad, se puede acceder, por ejemplo, desde Rio Bar –detrás de Migros, cerca de Löwenplatz– y es uno de los lugares favoritos por los locales para comer una Bratwurst, leer o quedar con amigos. Los árboles, patos y carpas añaden la nota refrescante a esta avenida, ubicada a unos 2 metros por debajo del nivel de la calle.
3. El oasis urbano de Bäckeranlage


En pleno Kreis 4, uno de los distritos más animados y céntricos de la ciudad, Bäckeranlage –el lugar de la panadería– es un espacio favorito de los locales para pasar el día. Aquí verás mucha cultura alternativa, barbacoas y picnic –de momento, el restaurante está cerrado–, torneos de pimpón, familias jóvenes con niños, trabajadores que vienen a almorzar… Déjate llevar por este ambiente ecléctico y cercano a la Langstrasse –el epicentro de la multiculturalidad– y disfruta de buena música o un concierto improvisado. El sábado por la mañana, combina la visita con el Flohmarkt Kanzlei, el mercadillo bohemio más famoso de la ciudad, situado a escasos metros.
4. Frau Gerolds Garten, el ‘flagship’ del barrio industrial


Casi 10 años después de que Industriequartier (el barrio industrial) se pusiera de moda, este entramado de naves industriales de Zürich West –en el oeste de la ciudad– sigue dando mucho que hablar. Es una visita imprescindible en la que podrás escuchar una jam session en Schiffbau, curiosear entre las tiendas de diseño gastro de Viadukt o comer en alguno de los locales de Puls 5. Desde luego, no te puedes ir sin ver pasar el tiempo y descubrir cada rincón de Frau Gerolds Garten (el Jardín de la Señora Gerold) y, si lo ves desde la Freitag Tower –la torre construida a base de contenedores, flagship de Freitag, los bolsos realizados con lonas de camiones recicladas–, mejor aún.
5. El romántico glamour de Rieterpark


A esta preciosa rareza situada en el barrio de Enge, a la derecha del lago de Zúrich, hay que venir a propósito –no queda de paso de ningún spot turístico–, pero su visita es más que recomendable. Aunque la ciudad es lo bastante pequeña y lo bastante provinciana para no sentir agobio, a veces un respiro de aire puro en plena urbe, como Rieterpark, es un regalo envuelto en papel de relax. Sus 70.000 m2 lo convierten, además, en el mayor parque paisajista de Zúrich y su palacete –que alberga el Museo Rietberg. Entrada: 26,25 €– la guinda de un glamuroso pastel repleto de exóticas excentricidades que no te dejarán indiferente.
6. Uetliberg, un mirador de lujo sobre la ciudad


El mirador de la montaña de Uetliberg lleva años ostentando el puesto de honor dentro de las alternativas más refrescantes –y queridas– de los zuriqueses. Todo en esta propuesta –ven con tiempo y dedícale toda la mañana o la tarde– enamora, desde su llegada en un tren que, por momentos, es cremallera, hasta las vistas, que regalan una panorámica 360º sobre la ciudad y el lago. Completa la visita con el Planet Trail –una ruta de senderismo de 2 horas hasta Felsenegg, con paradas que simulan los planetas de la Vía Láctea– y refréscate en la terraza del Uto Kulm con lo favorito de los zuriqueses: Gespritzer –vino blanco con Sprite o agua mineral con gas– o una sidra de manzana local.
7. Rote Fabrik, cultura alternativa junto al lago


Uno de los pioneros de la escena más gamberra y noctámbula de la ciudad, Rote Fabrik (la Fábrica Roja), sigue siendo uno de los pesos pesados en la programación alternativa, un extraordinario contenedor cultural donde ver teatro de autor, conciertos de grupos emergentes y cine fuera de ruta. Para rematar, este clásico de la noche amplía el horario con una ubicación de lujo –la espectacular terraza, a orillas del lago, abre todo el día–, clases de tango y un restaurante, Ziegel Oh Lac, con sabrosas especialidades vegetarianas y veganas. Además, hasta el 3 de septiembre, acoge muchos espectáculos del Zürcher Theater Spektakel, uno de los eventos más importantes de Europa.

