Nos colamos en la vida secreta del reino animal para reírnos con sus imágenes más salvajemente divertidas. Periquitos que se besan, osos pardos que hacen gimnasia, suricatas que se acicalan para salir en una foto y hasta orangutanes que le sueltan una peineta al fotógrafo. Todos forman parte de los 40 finalistas individuales que, junto a los apartados de menores de 16 años, portfolio y vídeo, acaba de seleccionar Nikon Comedy Wildlife Awards de entre las más de 10.000 imágenes recibidas –el número más alto desde su nacimiento– provenientes de 112 países.
Como en ediciones anteriores, en esta, la nº 11, la organización ofrece un premio –de unos 600 €– al que puedes optar si votas por tu finalista favorito, en una final cuyos ganadores se anunciarán el próximo 8 de diciembre. Y, a todos, la oportunidad de convertir el humor en un nuevo camino para inspirar la conservación de la vida silvestre.

Al sur de India, un par de periquitos de alas azules estaban inmersos en un momento de intimidad. El fotógrafo indio logró capturar el instante justo en que se daban un beso secreto.

Cuando esta búfala de agua levantó la cabeza en pleno Sri Lanka y emergió con diversas plantas pegadas, el fotógrafo británico lo tuvo claro: ¡tenían que llamarla Doris!

Observar con atención, tener paciencia y dejar que los animales cuenten la historia. Estas son, a grandes rasgos, las reglas con que se mueve este fotógrafo neerlandés semiprofesional, un apasionado de la naturaleza que sigue al pie de la letra el momento decisivo de Cartier-Bresson y que tuvo la suerte de sorprender a este trío de jóvenes jirafas en la reserva Masái Mara, con la copa de un árbol perfectamente alineada con el cuello de una de ellas.

El fotógrafo taiwanés diferencia entre su trabajo como artista visual y su faceta, libre e impredecible, a la hora de tomar instantáneas de la naturaleza. En una de sus experiencias de buceo en Filipinas, consiguió capturar esta imagen de un pez murciélago que parece haberse dado cuenta de la terrible sombra que se acerca nadando a sus espaldas, la de un tiburón ballena.

El lago Clark, en Alaska, fue el escenario donde este fotógrafo norteamericano sorprendió a esta hembra de oso pardo en plena sesión de gimnasia, un intenso entrenamiento de duros russian twists –giros rusos–, con los que parece empeñada en superar la prueba del bikini para la próxima temporada playera.

En Togo, este fotógrafo polaco sorprendió a un camaleón senegalés cruzando un suelo arenoso como si cada grano de arena estuviera a punto de quemarle. Parecía haber olvidado su capacidad para camuflarse y, el intenso verde de su cuerpo moviéndose tan lentamente lo convertía en un extraño (y diminuto) héroe de acción.

Estos dos leones marinos del sur fueron sorprendidos por el fotógrafo australiano en plena sesión de juegos en la isla Macquarie, en el Pacífico del Sur. Cada poco uno de ellos intentaba morder suavemente el cuello del otro, ajenos a todo, en lo que parecía reafirmar la intención de este conservacionista convencido a la hora de capturar imágenes: tratar a la naturaleza y su maravillosa fauna con más amabilidad.

Una suricata insiste en acicalar a una de sus compañeras y en realizar una última inspección de aseo antes de inmortalizar la foto familiar. Mientras, las demás se esfuerzan al máximo por posar ante la cámara y por lucir lo más presentables posible. Es la escena que capturó en Namibia este fotógrafo británico.

Es el águila más grande del continente pero, aún así, lo que más sorprendió a este fotógrafo finlandés cuando se encontró con esta águila de cola blanca –o pigargo europeo– fue su regreso año tras año a la costa occidental de Finlandia, su capacidad para patinar sobre el hielo y lo bien que se entendieron a la hora de hacer un trato: ella se iba con la barriga llena y él, conseguía su foto.

En Staffordshire, en el Reino Unido, este fotógrafo británico volvía ya a casa tras pasar toda la noche fotografiando insectos. De pronto, vio cómo este caballito del diablo azul trepaba por una brizna de hierba y lo colocó sobre una hoja para fotografiarle. Pero el animal desapareció por detrás y asomó la cabeza por un hueco natural como si quisiera saludarle… y dejarle claro que quien ríe el último ríe mejor.

En Pantanal (Brasil), en medio de un área repleta de vegetación flotante, el fotógrafo italiano sorprendió a este caimán emergiendo lentamente sobre la superficie. Algunas de las plantas se quedaron sobre su cabeza, lo que le daba un divertido aire a los cortes de pelo de una estrella del rock’n’roll de los años 50.

Se alimentan del néctar de las flores y extienden sus vivos colores en Australia, África y Asia, pero lo que más le sorprendió a este fotógrafo vietnamita fue encontrarse una suimanga disfrutando plácidamente de la bañera natural que había formado una flor de plátano, un spa de 5* que le sirvió para relajarse con un buen baño, acicalarse y chapotear, hasta que se terminó el agua.

Dumfries, en Escocia, fue el escenario elegido por este gavilán para practicar lo que parece una clase improvisada de ballet, un divertido instante en el que el fotógrafo británico le sorprendió y tuvo la suerte de inmortalizar.

Tan inquietante como divertido, este orangután salvaje se quedó mirando el objetivo del fotógrafo norteamericano y le hizo una peineta en plena selva de Borneo. Es una coincidencia y un gesto aleatorio de un animal que nos recuerda tanto a nosotros mismos pero cuyo significado él no entiende. O sí.
La imagen que abre el texto es Sexy mantis. (Mantis sexy) | Diego Pérez. The Comedy Wildlife Awards 2026
En medio de una caminata nocturna por Camanti, en la región peruana de Cusco, para documentar los bosques y fauna de una zona que busca ser protegida de la minería ilegal de oro, este fotógrafo peruano se topó con una mantis. No era la primera vez que fotografiaba este insecto pero sí la primera que evitó imágenes convencionales y utilizó hojas para ocultar fragmentos del cuerpo. ¿El resultado? Una mantis sexy.

