No sabemos si hay destinos con un sexo específico en su ADN pero esta semana, en la que celebramos el Día Internacional de la Mujer del próximo 8 de marzo, organizamos un paseo virtual a través de 8 ciudades muy diferentes que escriben sus nombres en clave femenina. Una sororidad geográfica que incluye destinos enérgicos, delicados y, sobre todo, poco conocidos y llenos de autenticidad.
1. Regina, el corazón más verde


En 1882, Wascana, una tranquila ciudad de Saskatchewan situada en el centro de la provincia, en las praderas canadienses, pasó a llamarse Regina en honor a la Reina Victoria. Esto explica la mitad de su sobrenombre, la Ciudad de los Reales. La otra mitad viene por su relación con al Policía Montada de Canadá, que tiene aquí su base de entrenamiento. Amante de la cultura y la ciencia –no te pierdas los dinosaurios del Royal Saskatchewan Museum–, cuenta con el Wascana Centre, uno de los parques urbanos más grandes de Norteamérica que combate los -50ºC del invierno a golpe de zonas verdes.
2. Helena y su brillante pasado


Pegado a Canadá, en el estado norteamericano de Montana, Helena, su capital, es un enclave rodeado de naturaleza y pasado. A mediados del siglo XIX, la fiebre del oro la convirtió en un destino próspero y lleno de millonarios pero, en la actualidad, su verdadero tesoro es su riqueza natural –se encuentra entre el parque Nacional de Glacier y el de Yellowstone–, con casi 130 kilómetros de senderos recreativos. Las visitas patrimoniales de Helena –significa la que trae la luz, resplandeciente– suelen centrarse en el Capitolio –con su cúpula de cobre y el Museo de la Sociedad Histórica de Montana.
3. Mercedes, una apuesta por lo auténtico


Tranquila y elegante, Mercedes despliega sus encantos sobre la orilla del río Negro, una de las ramblas más atractivas del país y centro social, con actividades como paseos en catamarán y playas fluviales en la Isla del Puerto. El nombre de esta pintoresca ciudad del interior de Uruguay –que viene por su advocación a la virgen de la Merced– lo verás en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, el gran icono nacional, con sus torres gemelas pilotando el skyline de la ciudad. La capital de Soriano se completa con el Castillo Mauá, que alberga el Museo Paleontológico Alejandro Berro y una bodega.
4. Luanda, una puerta que se abre al Atlántico


No es barata –de hecho, Luanda es una de las ciudades más caras del mundo–, pero la capital angoleña tiene un punto de autenticidad y un ansia de modernidad que atrae a todos. El Banco de Angola, la bahía y el Museo de la Moneda forman este triángulo de vanguardia de la antigua colonia portuguesa y son los nuevos atractivos del enclave más dinámico del país, en la costa atlántica. Su nombre –que significa lugar de tributo y melodía– mezcla raíces bantúes y portuguesas y, aunque no es muy frecuente, se asocia a mujeres vibrantes, independientes y poderosas.
5. Alejandría, el saber pegado al Mediterráneo


Una de las cunas de la sabiduría vive en esta urbe egipcia, pegada inevitablemente a su legendaria biblioteca. La nueva –un diseño futurista de 160 metros de diámetro firmado por Snøhetta– es una joya de la arquitectura moderna y se suma a un extensísimo catálogo que incluye la Ciudadela de Qaitbay y el Faro, la columna de Pompeyo –la mayor construida fuera de Roma y Constantinopla–, el Palacio de Al-Montazah y los restos de Kom el Dekka. La ciudad que recibió su nombre de Alejandro Magno, lo presta ahora a las mujeres que se llaman Alejandría o en su variante más común, Alejandra.
6. Victoria, la ciudad tranquila


Olvida los cruceros, autocares y trolley que abarrotan el resto de las Seychelles y resetea mente y cuerpo en su mini capital, una de las más pequeñas del mundo. La Clock Tower –réplica de la de Vauxhall de Londres– es el símbolo más reconocible de Victoria y un recordatorio de su pasado británico, ya que se nombró así en honor a la Reina. Desde aquí, la invitación es deambular a ritmo lento, ver la Catedral y la Maison des Capucins y, si buscas más adrenalina, darte un baño de color en el Jardín Botánico, el Mercado Central o el templo Sri Navasakthi Vinayagar, el único hindú del país.
7. Carmen y los paisajes imposibles


Cuesta competir y ofrecer algo diferente en un país tan diverso como Filipinas pero Carmen, en la isla de Bohol, da con la tecla de lo único. El municipio –que se llama así en honor a la Virgen del Carmen y su pasado como colonia española– es la puerta de entrada de las Chocolate Hills, un onírico paisaje formado por más de 1.200 colinas con forma cónica cubiertas de hierba que, en la época seca, de noviembre a abril, se vuelven de color chocolate. Este imán turístico se completa con otras maravillas naturales, como las cascadas Can-umantad y Panga y el área protegida de Rajah Sikatuna.
8. Adelaida, el paraíso de las pequeñas cosas


La capital del sur australiano, la primera a la que llegaron los colonos, rezuma propuestas de todo tipo. Aquí puedes elegir entre un repleto abanico cultural, sumergirte en un día de playa, trepar a la cúpula del Óvalo –el mayor estadio deportivo del país– y saborear un Penfolds, uno de sus vinos estrella. Las ofertas crecen cada día en Adelaida –cuyo nombre, de origen germánico, significa de noble aspecto– e invitan a sumergirte en ese aire provinciano que la envuelve y en una forma de vida desenfadada y repleta de festivales, incluido el Adelaida Fringe, uno de los mayores eventos de arte del mundo .
La imagen que abre el texto es Alejandría | Flo P. Unsplash


Sí, aquí el regalo es un lujo, pero el envoltorio no está nada mal 😉
Qué belleza la Biblioteca de Alejandría!!!