¿Sabías que Japón tiene una palabra específica, hanami, para designar la experiencia de contemplar la floración de los árboles? Las flores rosas de cerezo (sakura) ganan por goleada; su corta floración añade un significado filosófico sobre la brevedad de la vida y la necesidad de disfrutar el momento, y la expectación que generan es tal que, desde diciembre del año anterior, todos están pendientes de organismos como la Japan Weather Association, que lanza la primera previsión meteorológica del año.
Los cerezos ganan, pero hay muchas más, desde hortensias y nemófilas, hasta azaleas, glicinas, musgo rosa… trazamos una ruta por las flores más espectaculares de la primavera nipona.
1. Los cerezos de la pagoda Chureito, en Fujiyoshida

La floración del cerezo (sakura) comienza en Okinawa y termina en Hokkaido. Es un acontecimiento nacional que recorre el país, coincide con el inicio de vacaciones y congrega a cantidad de viajeros. Para verlo en su plenitud uno de nuestros spots favoritos es Fujiyoshida que, de principios a mediados de abril, une cerezos, la pagoda Chureito y el monte Fuji en una de las fotos más icónicas de Japón.
2. La floración nocturna en el Castillo de Takada

Para rizar el rizo en lo que a cerezos se refiere, a muchos enclaves no les basta con ofrecer un extenso manto de flores rosas; además, las iluminan con unos resultados realmente impresionantes. Es el caso del parque del Castillo de Takada, en Niigata, que, durante todo el mes de abril, ilumina sus 4.000 cerezos con más de 3.000 farolillos, un espectáculo cuya luz se refleja sobre el foso del recinto.
3. El bisabuelo de Fukushima

Tiene más de 1.000 años de vida, pero a este Takizakura (cerezo en cascada), Monumento Nacional desde 1922, le sobra energía para abrir sus delicados pétalos rosados en un radio de 25 metros y a una altura de 13,5. El espectáculo se produce de principios a mediados de abril y, cada año, atrae a más de 200.000 personas que multiplican por 10 la población de Miharu, una localidad agrícola de Fukushima.
4. Las flores de colza de los jardines Hama-rikyu

Las flores de colza (nanohana) anuncian la llegada de la primavera en el Japón más rural; por eso, caminar entre esta marea amarilla en una urbe como Tokio tiene un matiz especial. Aquí, en los jardines de Hama-rikyu, tienes un oasis con más de 300.000 flores de colza entre rascacielos. Hasta finales de abril también los puedes ver en Kurihama Flower Park, un parque de Yokosuka al sur de la capital.
5. El ‘planeta tulipán’ en la Galería de Tulipanes de Tonami

Entre mediados de abril y principios de mayo, la Galería de Tulipanes de Tonami se convierte en una feroz competidora de Países Bajos en lo que a tulipanes de refiere. Aquí se cultivan desde 1918 y, además de pasear entre 3 millones de bulbos en su festival anual, puedes descubrir más de 300 variedades de esta planta y fotografiar las camas de tulipanes hidropónicos que flotan en el estanque.
6. Las azaleas del templo budista Shiofune Kannon-ji

Símbolo de orgullo y belleza, la azalea es otra flor que marca la explosión de la primavera en tierras niponas. Los spots para verlas son numerosos pero nos gustan las laderas que rodean el templo Shiofune Kannon-ji, un espacio centenario situado a las afueras de Tokio donde, de mediados de abril a principios de mayo, azaleas y rododendros despliegan un catálogo de rojos, blancos, magentas…
7. El espectáculo de glicinas en el parque de Ashikaga

¿Te imaginas pasear bajo una extraordinaria cortina móvil tejida con flores rosa, púrpura, blancas y amarillas? Es la propuesta estrella del Parque Floral de Ashikaga, al norte de Tokio, un espacio de 100.000 m2 con 350 glicinas en flor –incluida la longeva gran glicina, nombrada Monumento Natural– que, entre mediados de abril y mediados de mayo, crean un majestuoso fondo de pantalla.
8. Las nemófilas del Parque Costero de Hitachi

De mediados de abril a finales de mayo, el Parque Costero de Hitachi, en Ibaraki, se tiñe de azul con 5,3 millones de nemófilas. Estas pequeñas flores (ojos azules de bebé) cubren toda la colina Miharashi no Oka con una alfombra traslúcida que se funde con el azul del cielo y el del Pacífico, un mar de flores que fue base militar y que hoy, la CNN ha catalogado como uno de «los 36 spots más bellos de Japón».
9. El manto de musgo rosa del parque Hitsujiyama

Uno de los espectáculos cromáticos más difíciles de ver en otras partes del mundo es la floración del musgo rosa. En puntos como el parque Chichibu Hitsujiyama, en Saitama, de mediados de abril a finales de mayo las colinas se tiñen de intensos magentas y púrpuras gracias a sus nueve tipos de este musgo; sus flores, que apenas levantan centímetros del suelo, se convierten en una alfombra natural.
10. El festival de cerezos en Hirosaki y su ejemplar centenario

Si se te ha pasado la fecha para ver los cerezos iluminados en el Castillo de Takada, de mediados de abril a principios de mayo tienes otra oportunidad en el parque Hirosaki de Aomori. Aquí, además del festival de los cerezos en flor –con actuaciones, música e iluminación nocturna junto al castillo– puedes conocer al Somei-Yoshino, un cerezo originario de Kioto plantado en 1882, en plena floración.
11. Los túneles de glicinas en Kawachi Fujien

Una de las experiencias más oníricas que puedes realizar en estos días en Japón es atravesar una bóveda de glicinas. A principios de mayo, el Jardín de Kawachi Fujien, en la prefectura de Fukuoka, concentra más de 150 árboles de 22 especies diferentes de glicinas y wisterias, un mundo mágico que crea dos túneles de hasta 100 metros de largo con flores colgantes y muros morados, malvas y blancos.
12. Las hortensias de Hattori Hydrangea House

A poco más de una hora del centro de Tokio, en la campiña de la ciudad de Mobara, en Chiba, Hattori Hydrangea House es un remanso de paz de 18.000 m2. El principal atractivo de la finca son sus 10.000 hortensias (ajisai), 250 variedades de ejemplares que, gracias a los cuidados del mismísimo señor Hattori, de mediados de mayo a mediados de junio, llenan la ladera de un mar rosa, morado y blanco.
La imagen que abre el texto es Musgo rosa. Festival Fuji Shibazakura, en Yamanashi | Phurichaya Kitticharin. Unsplash

