03 Volcán de Fuego_alain-bonnardeaux-unsplash

Volcanes: cuando la tierra ruge

Majestuosos y colosales mientras reposan, son la máxima expresión de la furia terrestre cuando entran en erupción. Estas montañas vivas marcan nuestra agenda de viaje y dibujan nuevos paisajes a golpe de lava y fuego. Las últimas erupciones en puntos tan dispares como Guatemala, Japón e Indonesia han puesto en el punto de mira a estos señores de las profundidades terrestres. Repasamos los volcanes más espectaculares, activos o latentes –los que llevan siglos en calma pero pueden despertar en cualquier momento–, de la actualidad.

Popocatépetl, en México

Popocatepetl | Roberto Puga. Unsplash

No es el más alto de México –el número uno lo ocupa Iztaccíhuatl, con 5.286 metros–, pero el Popocatépetl (5.452 metros) es el más majestuoso y el protagonista de muchas historias, como los sacrificios de la antigua Tenochtitlán para calmar su ira. Don Goyo, como lo llaman en la zona, está en el Parque Nacional de Iztaccíhuatl-Popocatépetl: 25.000 hectáreas repartidas en los estados de México, Puebla y Morelos. La mejor época para visitarlo va de noviembre a marzo y en su territorio puedes montar a caballo y hasta acampar. Para escalarlo debes registrarte en la oficinas del Parque y tener precaución: Don Goyo está en constante actividad, la última, en agosto de 2026.

Nyiragongo, en la República Democrática del Congo

Nyiragongo | Pierre-Yves Burgi. Unsplash

Su cráter alberga el lago de lava líquida más grande y activo del planeta, con una longitud de hasta 1,2 kilómetros y una profundidad de más de 200 metros. Pero esto no es lo más interesante de Nyiragongo, ni siquiera que la ligereza de su lava le permite correr a toda velocidad. Lo mejor de este volcán congoleño es su ubicación, enclavado en pleno Parque Nacional de Virunga, una maravilla 100% natural –está declarada Patrimonio de la Humanidad– que incluye montañas cubiertas de glaciares, extensas sabanas y densas selvas con gorilas de montaña junto a otras especies –camaleón de tres cuernos, antílope de los matorrales…– que te acompañan en tu ascenso al cráter.

Chimborazo y Cotopaxi, en Ecuador

Chimborazo | Jonathan Ardila. Unsplash

Cuando Humboldt, el explorador alemán, llegó por estas tierras, le impresionó tanto esta zona que la denominó la Avenida de los Volcanes: un recorrido de 350 kilómetros que va del Amazonas a la cordillera andina y que cuenta con 14 conos, entre ellos, el Chimborazo, de 6.310 metros. Puedes recorrer esta ruta es a bordo de un tren que conecta Quito y Riobamba. Pero hay otras muchas: desde hacer un recorrido a caballo o en 4×4 tras los pasos de los hieleros –que escalan los glaciares para cortar el hielo que luego venderán en el mercado– hasta rutas de senderismo entre llamas. Imprescindible acercarte al Cotopaxi –cuello de luna en quechua–, el cono más perfecto del mundo.

Fujisan y Sakurajima, en Japón

Sakurajima | Geoff Oliver. Unsplash

Fujisan –y no Fujiyama, como se le conoce en países de habla española– es todo un símbolo en Japón. El volcán más alto del país (3.776 metros) se encuentra en los Cinco Lagos, una región situada al oeste de la capital y un popular destino del veraneo local. La zona cuenta con museos sobre el Fuji y opciones para recorrer sus lagos y asomarse al cráter. Junto a la imagen de este cono nevado recortada entre rascacielos, otro peso pesado (y menos masificado) es Sakurijama, cerca de Kagoshima, que en junio de este año registró dos erupciones con columnas de ceniza de más de 1 kilómetro de alto y condena a los coches a estar permanentemente cubiertos de ceniza.

Kīlauea, en Hawái (EE. UU.)

Kilauea | Synthartworks. Pixabay

Uno de los volcanes más activos del planeta, Kilauea, es también uno de los que más trabaja, en erupción casi constante desde 1983, con hasta 497.000 m3 de lava diarios. En esta maravilla de Hawai se puede explorar su paisaje lunar, navegar junto a sus ríos de lava fluida que desembocan en el océano y hasta aprender sobre la diosa Pelé, la deidad hawaiana del fuego y los volcanes. Es el habitante de honor del Hawaii Volcanoes National Park, un espacio de casi 135.000 hectáreas –Reserva Mundial de la Biosfera– con desiertos, petroglifos, bosques tropicales y dos volcanes: el Maunaloa y Kilauea, el único volcán del mundo que se puede recorrer en coche.

Villarrica, en Chile

Villarrica | Ricardo Díaz. Unsplash

Con sus 2.847 metros de altura, Villarrica es uno de los volcanes más activos de Sudamérica y uno de los pocos en el mundo que presenta un lago de lava en su cráter. Es también un reto para los aventureros –se puede escalar hasta la cima, desde donde se observa la lava burbujeante– y un placer para los deportistas ya que, en invierno, se convierte en una popular estación de esquí en las faldas de su cono, perfecto y permanentemente nevado. Ubicado en el sur de Chile, en la región de la Araucanía, este volcán, que erupcionó por última vez en 2015, cuenta también con un halo místico ya que es el hogar de un poderoso espíritu ancestral, según la mitología mapuche.

Poás, en Costa Rica

Poas | EVG

Un cráter de 3,5 kilómetros de diámetro, una laguna que cambia de azul a verde o turquesa según la concentración de azufre, fumarolas que trabajan periódicamente… Estas son solo algunas imágenes oníricas que se grabarán en tu retina cuando subas al Poás, protagonista del Parque Nacional del mismo nombre (14,60 €). Para ver esta joya de la naturaleza situada a 40 kilómetros de San José, la capital costarricense, espera a diciembre –en esta época disminuyen las lluvias– y madruga: así evitarás las nubes que suelen cubrir el cráter. Dos consejos más: intenta descubrir alguno de los quetzales que abundan en la zona y, sobre todo, disfruta.

Monte Yasur, en Vanuatu

Monte Yasur | Seiji Seiji. Unsplash

Con una actividad casi ininterrumpida durante más de 800 años, este volcán en la isla de Tanna permite acercarse a la caldera y ver explosiones de lava a pocos metros de distancia. Es uno de los más accesibles del mundo para los turistas, tanto por su altura –apenas alcanza los 361 metros– como por lo ampliamente estudiada que está la zona, que cuenta hasta con diferentes niveles de alarma para garantizar la seguridad. Con todo, lo mejor de Monte Yasur –ubicado en una de las islas que conforman Vanuatu, en Oceanía– es la perspectiva de asomarse al borde del cráter para escuchar los estruendos, ver brotar el magma del interior de la tierra y admirar las explosiones de piroclastos.


Pacaya y Volcán de Fuego, en Guatemala

Pacaya | Dimitry B. Unsplash

La competencia por estar en el top ten de volcanes es muy alta en este país centroamericano, que cuenta con 288 ejemplares. Pero el Pacaya tiene muchos argumentos que le convierten en especial. Su ascensión está permitida –previo pago de unos 11,20 €– y se puede llegar casi hasta el cráter mientras caminas sobre lava petrificada y notas cómo el calor se vuelve tan insoportable como el olor a azufre. Desde arriba, a unos 2.552 metros, verás una preciosa postal de Antigua, la anterior capital guatemalteca. En agosto de este año otro de sus grandes competidores, el Volcán de Fuego, incrementó de forma drástica su actividad, con flujos piroclásticos y columnas de ceniza.


Monte Bromo, en Indonesia

Monte Bromo | Kevin Zhang. Unsplash

Es el mayor país insular del mundo –con más de 17.000 islas– y concentra la mayor población musulmana del planeta, pero lo que realmente hace famosa a Indonesia es su concentración de volcanes, con alrededor de 400, de los que unos 140 se consideran activos. Los tienes para todos los gustos, desde Monte Rinjani y su lago turquesa, en Lombok, hasta Monte Agung, en Bali, o Monte Sinabung, en Sumatra, que ha erupcionado en estos días; pero la isla de Java gana por goleada con joyas como Merapi –el más activo–, Semeru –el más alto, con 3.676 metros– y, desde luego, Monte Bromo, con la promesa de contemplar los mejores amaneceres sobre su enorme caldera.


Erta Ale, en Etiopía

Erta Ale | Marc Szeglat. Unsplash

Erta Ale no solo es el volcán más activo de Etiopía y uno de los más impresionantes de África, sino uno de los enclaves más parecidos a estar en las puertas del infierno. Localizado en el noreste del país, en el Cuerno de África, es famoso por su lago de lava permanente –activo durante la mayor parte de las últimas décadas desde que fue descubierto en los años sesenta del siglo pasado– y por lo complicado de su acceso, ya que está en el desierto de Danakil y sus conflictos armados. Esto forma parte de su misterio, pero su factor de peligrosidad es tan alto que para acceder a sus 613 metros de altura es obligatorio contratar una excursión con guías locales y escolta armada.

La imagen que abre el texto es Volcán de Fuego | Alain Bonnardeaux. Unsplash

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