Si la pasada semana explorábamos el casco histórico y los canales y lagos interiores de Hamburgo, la ruta de hoy está protagonizada por los ríos Elba y Alster, y toda la oferta que se mueve en torno a ellos, desde sus joyas históricas, hasta juegos de escape, todo, bajo la atenta mirada de Elbphilarmonie, la nueva seña de identidad de la ciudad. Además, nos colamos en la hora feliz de esta gran potencia industrial del norte de Alemania y entramos en el corazón de St. Pauli –Kiez para los amigos–, uno de los contenedores de ocio nocturno más vibrantes, descarados y alternativos de Europa.
1. De la entrañable Zitronenjette a la iglesia de San Miguel


Empezamos la ruta en Hansaplatz, una de las zonas financieras de la ciudad, y en una figura que quizá te pase inadvertida: Zitronenjette. La escultura de bronce no solo rinde homenaje a Johanne Henriette Müller –una vendedora de limones del siglo XIX– sino que representa la tenacidad y el optimismo, dos señas de identidad de Hamburgo. Muy cerca tienes otro icono: la iglesia protestante de St. Michaelis –Der Michel para los amigos–, símbolo de una ciudad pluriconfesional que cuenta con muchas iglesias, incluida una evangélica, Flussschifferkirche, en un barco. Te gustará su factura barroca pero, sobre todo, la plataforma de observación situada a 106 metros que regala una panorámica perfecta.
2. Un paseo con sabor a mar (aunque aquí no hay)


Salimos del céntrico y elegante Neustadt rumbo a HafenCity, la monumental remodelación de la zona portuaria que comió terreno al Elba y se ha convertido en el mayor proyecto urbanístico de Europa. Aquí, junto a la parte práctica dedicada al mar, no podía faltar la teórica que, en Hamburgo, está representada por el Museo Marítimo Internacional (18 €), con todo sobre veleros, mercantes… Un sitio impactante, sobre todo, teniendo en cuenta que Hamburgo no tiene mar. Si sigues aquí a la hora del almuerzo (y te lo puedes permitir) Bianc es una excelente opción. Con dos estrellas Michelin, este restaurante explora la parte más disfrutona de la ciudad y ofrece un menú fresco, descarado y muy mediterráneo.
3. Elbphilarmonie, un canto musical de cristal y agua


Aún en HafenCity, pon a punto tu smartphone para fotografiar Elbphilarmonie, la Filarmónica del Elba y la nueva joya de la corona de la ciudad. El edificio firmado por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron –los mismos que diseñaron el nuevo CaixaForum de Madrid– costó más tiempo y dinero del previsto, pero el resultado enamora a la cámara. Las olas de vidrio son una estética provocación en medio del trasiego del puerto pero el interior de este edificio tampoco se queda atrás: dos salas de conciertos con una acústica perfecta y paredes de madera diseñadas por Yasuhisa Toyota, y una escalera mecánica curva –la mayor del mundo– que conduce a la Plaza y su panorámica 360º.
4. Lo nuevo y lo viejo con vistas 360º sobre el puerto y la ciudad


Si te han gustado las paredes de ondulante madera y la excelente sonoridad de Elbphi, las vistas desde su terraza te resultarán espectaculares: un catálogo arquitectónico de diferentes épocas, desde la mítica torre redonda de Taylor Wessing Wirtschafskanzlei hasta la barroca de San Miguel, la del Memorial de San Nicolás –a 147 metros de altura– o la Heinrich-Hertz-Turm, la torre de comunicaciones que, con sus 280 metros, es la más alta de la ciudad. Además, estampas de marcado carácter industrial, como la frenética actividad de contenedores y grúas, y otras más bucólicas, como los infinitos reflejos del mar, el cielo y la ciudad sobre los edificios y la piel acristalada de Elbphilarmonie.
5. Bienvenidos al segundo mayor puerto del mundo


Como te puedes imaginar en una ciudad que cuenta con el segundo puerto con mayor tráfico de Europa –después de Rotterdam– y el noveno del mundo, visitarlo es básico para entender su ritmo vital. En el puerto las actividades son casi infinitas, desde al Stage Theater im Hafen –se accede en barco–, que programa El Rey León, hasta los buques con juegos de escape. Otra opción es entrar en Rickmer Rickmers, mitad museo (7 €), mitad restaurante. En este colorido velero de tres mástiles construido en 1896 puedes ver cómo era la vida en un mercante –sus cubiertas, camarotes, sala de máquinas…–, saborear especialidades hanseáticas y llevarte un matasellos conmemorativo de recuerdo.
6. La ribera del Elba desde otro punto de vista


Para entender el alma de Hamburgo se impone recorrer el Elba en barco. Hay multitud de cruceros y opciones, desde las turísticas –como Barkassen Meyer– hasta los ferries de transporte público –las líneas 61 y 72 son más que interesantes– con diferentes rutas que te permiten bajar o subir y que van desde paseos por Speicherstadt hasta incursiones en los 100 kilómetros navegables del Elba rumbo a desembocar en el Mar del Norte. Además, te encantará ver algunos de los edificios icónicos del puerto desde otro punto de vista, como la Pegelturm St. Pauli, en Landungsbrücken –el paseo portuario–, una torre que, desde 1907, mantiene su función de medir los niveles de agua del Elba y el de mareas.
7. De bocadillo de carne picada a los creadores de la hamburguesa


Si es la hora del almuerzo busca mesa en Salt & Silver, un lugar muy especial dirigido por dos enamorados de la cultura viajera, donde saborear cocina global y cercana hecha con pasión. Curiosea cómo se vivía el espionaje a bordo del U-Boot Museum, un antiguo submarino soviético convertido en museo, antes de descubrir la fachada del Fishmarkt, en Altona, con su característica cúpula. Si no llegas a la subasta de pescado de los domingos –termina a las 9.30 h–, saborea un Fischbröchten –panecillo con salmón, caballa o camarones– mientras reflexionas sobre la gran aportación de Hamburgo al universo gastro: el bocadillo de carne picada que terminó siendo hamburguesa.
8. Grau Campus, el rincón donde nace el diseño


Además de ser un peso pesado en tráfico portuario, Hamburgo tiene una larga trayectoria en el mundo editorial –Der Spiegel y Die Zeit tienen aquí su sede– y en el financiero, con la bolsa de valores más antigua de Alemania y el Berenberg Bank, el banco más antiguo del mundo. Para ver qué se cuece en otro de sus dominios, el del diseño industrial, entra en el universo de Grau, un gurú de la iluminación que trabaja las líneas puras y saca partido a la luz lineal del LED. Sus lámparas están en los mejores comercios de la ciudad –no te pierdas el modelo Salt & Pepper– pero, si quieres verlo en directo, acércate a la fábrica, en Rellingen, a 18 km, en un espectacular edificio firmado por el estudio BRT.
9. Lo que pasa en St. Pauli, se queda en St. Pauli


Al caer la tarde empieza la gran aventura nocturna en St. Pauli, la zona más canalla de la ciudad, un legendario barrio donde se viene a pecar. En los últimos años, la zona se extiende hasta Schanzenviertel y acoge gente guapa entre casas ocupadas y diseñadores bohemios. Pero lo más mediático de la zona comienza en la Beatles Platz –aquí dieron sus primeros conciertos los chicos de Liverpool antes de que el grupo fuera famoso– y se llama Reeperbahn: un paseo de menos de un kilómetro con música, cine porno, burlesque, cabarets, shows de striptease… que atrae a más de 100.000 turistas al año. Cerca, la Herbertstrasse –donde la prostitución campa a sus anchas– prohibe la entrada a mujeres y menores.
La imagen que abre el texto es Vista de Elbphilarmonie desde Niederbaumbrücke | EVG.


Es una ciudad muy apetecible y con (de momento) no tantos turistas como Múnich o Berlín, que también están muy muy bien. En verano haremos un especial de esta última 😉
No conozco nada de Alemania, y le tengo muchas ganas, la verdad… este repor de Hamburgo es muy inspirador…